Archivos por Etiqueta: Jesús Alexis González Ponce

Venezuela en ruinas con la complicidad de una sociedad permisiva – Jesús Alexis González Ponce

 

Venezuela en ruinas con la complicidad de una sociedad permisiva

El adjetivo permisivo, hace referencia a toda persona que tiene tendencia a consentir o dar permiso para ciertas cosas mostrando al propio tiempo flexibilidad a la hora de establecer límites o de ejercer su autoridad; razón por la cual asume tolerancia a la transgresión (quebrantamiento) de leyes, normas o costumbres hasta conformar una sociedad permisiva donde los códigos morales y las normas sociales se tornan liberales en un ambiente donde ello se considera “normal”. Es así, que permisividad ha de entenderse como la aceptación pasiva de un incumplimiento deliberado de la Constitución, las leyes y las normas comúnmente aceptadas por parte, p.ej. del Gobierno; y dicha permisividad es siempre perversa (alterar las costumbres que son consideradas sanas, a partir de conductas extrañas). Tolerancia, por su parte, hace referencia a la aceptación pasiva de conductas que nos resultan personalmente molestas, pero que están dentro de las normas aceptadas como, p.ej. respetar las decisiones de un gobierno democrático aun cuando no sean de nuestro agrado; y dicha tolerancia es siempre encomiable (meritoria, valiosa).

Vale preguntar: Cuál es la línea que divide la permisividad de la tolerancia?

Identificar tal línea no resulta nada fácil, habida cuenta que la permisividad involucra una complicidad pasiva o activa sobre algo que toleramos o no, pero que por motivo de ciertos intereses lo permitimos al punto de hacer vulnerable nuestra libertad; mientras que la tolerancia hace referencia a la aceptación pasiva de situaciones indeseables pero que están dentro de las normas aceptadas, como p.ej. una ley promulgada dentro del marco constitucional. A tenor del enfoque conceptual descrito, inferimos que el límite debe ponerse en el punto donde tomamos conciencia en relación a acceder a permitir una conducta, no por convicción, sino por cobardía o comodidad en cuanto a las consecuencias de imponer nuestro criterio de prohibición soslayando (evitar una cosa que implica problemas o inconvenientes) la verdad según la cual la permisividad solo “soluciona” transitoriamente los problemas, los cuales se agravan a mediano y largo plazo; al tiempo que el “infractor”, como p.ej. un gobierno con ambición dictatorial se hará más fuerte como consecuencia de la debilidad del pueblo, hasta alejarse las posibilidades de detener el avance autoritario.

De igual modo, y aceptando, como en efecto es, que el ser humano es un animal racional, jerárquico y territorial y por ende está en continúa lucha por ampliar su territorio a costa de los demás; ha de estar suficientemente entendido que la permisividad permite la invasión de nuestro territorio, a diferencia de la tolerancia que es no meterse en territorio de otro aun cuando sintamos deseo de hacerlo. En razón de ello, resulta de especial trascendencia que estén bien definidos los límites del poder del Estado muy especialmente cuando muestra una “apariencia democrática” que hace énfasis en la elección periódica de los gobernantes por parte de los ciudadanos, a quienes por obvias razones se les ofrece (en su condición de electores) una imagen comprensiva, tolerante y generosa, al margen que ello implique un deterioro real de la riqueza que administra que tristemente cuenta con el “aval conductual” de la ciudadanía expresado mediante la permisividad de una sociedad “democrática” que reduce los códigos morales y vuelve “más liberales” las normas sociales. En fin, la causa de la Venezuela en ruinas del presente debe buscarse en la crisis de valores morales que estamos padeciendo muy especialmente a nivel social, público y privado, económico, individual y colectivo, profesional, gremial, y a nivel de las organizaciones sociales con fines políticos; en el marco de un contexto que propicia la ausencia de una guía de conducta en sintonía con el indeseable intento por parte del gobierno de imponer una “dictadocrácia” definida como “gobierno de la dictadura, por la dictadura y para la dictadura”.

El colmo de la permisividad venezolana, es la triste y lamentable condición observada en una mayoría poblacional que ha renunciado a su dignidad, al extremo de p.ej. aceptar (1) el “bachaqueo” (de parte y parte) como una de las “ocupaciones de mayor importancia dentro de la fuerza de trabajo”; (2) que la elevada burocracia gubernamental asista muy poco a sus labores habituales ante la ausencia de transporte y de su capacidad de alimentarse fuera (y dentro) del hogar; (3) que los empleados públicos, en su mayoría, se dediquen al ejercicio de “otros trabajitos” en su horario de trabajo para compensar medianamente la pérdida de su poder adquisitivo frente a la cruel hiperinflación, a costa de una pronunciada caída en la eficiencia y calidad de los servicios públicos; (4) que los hospitales no cuenten con los insumos mínimos requeridos; (5) que el salario apenas alcance para adquirir un cartón de huevos; (6) que la pobreza supere el 80% de la población; (7) la humillante asignación de una “cajita” para mitigar parcialmente el hambre; (8) la aceptación de la corrupción (pública y privada) como un “exitoso emprendimiento ciudadano”; y (9) un largo etcétera; todo ello en un ambiente equivalente al dejar hacer, dejar pasar (laisser faire, laisser passer) frase atribuida a los utópicos economistas fisiócratas franceses del siglo XVIII, ahora aplicada en el presente a los valores morales de la vida en sociedad regidos por un “orden natural”.

Reflexión final: Permítaseme concluir con una cita: De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar el deshonor, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver agigantarse el poder en malas manos; el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto. (Ruin Barboza, Brasil).

Economista Jesús Alexis González

Abril/22/ 2018

25 años sin Economía Política y Políticas Económicas, y no se visualizan cambios: JAGP

 

     25 años sin Economía Política y Políticas Económicas, y no se visualizan cambios

La Economía Política hace referencia a la parte de la ciencia económica que se encarga de estudiar sus Leyes y de actuar sobre ellas para modificarlas en favor de la sociedad a la luz de la instrumentación de Políticas Económicas que regulan los hechos económicos; equivalente a la forma como el Estado interviene en la vida económica con el fin ulterior de desarrollar el bien común mediante la aplicación de las leyes de producción, distribución, cambio y consumo como medios para alcanzar el bienestar social en respuesta a las relaciones voluntarias de los ciudadanos en pro de mejorar su forma de vida.

Las Políticas Económicas, son aquellas estrategias que aplica un Gobierno en aras de conducir la economía del país hacia resultados específicos con visión de progreso socio-económico, haciendo uso de variadas herramientas relacionadas con la Política Monetaria:  conjunto de medidas emitidas por la Autoridad Monetaria (Banco Central) teniendo como objetivo principal alcanzar y mantener la estabilidad del valor del dinero, como requisito  para equilibrar los precios y consecuentemente controlar la inflación; con la Política Fiscal: conjunto de instrumentos que aplica el Estado para recaudar ingresos que luego destina a la función pública con el propósito de darle solidez al sistema económico mediante el impulso al empleo productivo a través de los recursos dirigidos a inversiones públicas en aras de un aumento de la renta nacional; con la Política Cambiaria: lineamientos  instrumentados para regular el comportamiento de la moneda nacional con respecto a las externas, al tiempo de controlar el mercado cambiario de divisas con la finalidad de administrar el tipo de cambio; con la  Política de Deuda Pública, vinculada con el conjunto de directrices y orientaciones que rigen el aumento o disminución de las obligaciones financieras del Estado a la luz de distintas modalidades como Letras del Tesoro, Bonos y Obligaciones; así como para armonizar su horizonte de pago. Es de acotar, que en una situación de déficit fiscal el Gobierno en lugar de aplicar profundos ajustes económicos,  se limita, en la mayoría de los casos, a la destructiva  emisión suplementaria de moneda nacional sin el obligatorio respaldo de divisas y/o bienes producidos en el país causando de tal forma una devastadora presión inflacionaria; con la Política de Inversión: conjunto de directrices establecidas a efectos de regular la adquisición, monto y destino de bienes y servicios por parte del Estado, en pro de la modernización o ampliación de la estructura pública nacional a fin de contribuir con el incremento del patrimonio nacional muy especialmente a lo atinente a la generación de riqueza.

A tenor de lo expuesto, y  apegados a la historia entendida como un estudio sistematizado de los hechos más importantes y trascendentes del pasado, así como desligados de cualquier sesgo político-partidista; puede afirmarse que en Venezuela, prácticamente, el único y último Plan aplicado en aras de la intervención del Estado para conducir la economía en favor del bienestar social sustentado en la simbiosis (relación de apoyo mutuo) Economía Política-Políticas Económicas fue el instrumentado  durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez (1989-1993), teniendo como norte la reducción del tamaño del Estado y a la  expansión del aparato productivo privado nacional  en un contexto de eficiencia que les permitiera la inserción competitiva en el comercio internacional.  Es así, que en febrero 16 de 1989 el Presidente de la República, luego de transcurridos 14 días de su mandato anunció un Plan de Medidas Económicas en conjunto con un Programa Social Compensatorio   en un escenario de compleja problemática económica, social y de inestabilidad política que hacía necesario la inmediata aplicación de reformas radicales. Vale citar, que la instrumentación del “gran viraje” sufrió severos contratiempos tal como el denominado Caracazo acaecido entre el 27/02 al 08/03 de 1989 a solo 25 días de iniciado el período presidencial; y los dos golpes de Estado de 1992 (4 de febrero y 27 de noviembre); a pesar de lo cual a la mitad del período presidencial ya se notaban efectos positivos.

El Plan de Medidas Económicas de CAP  contemplaba, entre otras, las siguientes: refinanciamiento y reestructuración de la deuda pública externa; eliminación del control de cambio; eliminación de la Oficina de Régimen de Cambios Diferenciales (RECADI); congelamiento de cargos en la administración pública; incremento del precio de la gasolina; reforma fiscal; disminución de aranceles; reducción del proteccionismo industrial; impulso a la descentralización, incremento en el precio del transporte público; liberación de las tasas de interés; liberación de precios (a excepción de 18 renglones de la cesta básica); reducción del déficit fiscal a un 4%; privatización de algunas empresas del Estado. En el Programa Social Compensatorio se incorporó: creación de la Comisión Presidencial para la lucha contra la pobreza; subsidio directo a los productos de la cesta básica; beca escolar; beca alimentaria estudiantil; cargos en la administración pública para bachilleres; dotación gratuita de uniforme y útiles escolares; hogares de cuidado diario; plan de consolidación de barrios; plan de préstamos a microempresas; ampliación y consolidación de la red ambulatoria de salud; mamá arepa; vaso de leche escolar; suministro gratuito de leche en polvo; entre otros.

En contraste, y cara al hasta ahora “simulacro electoral”, en materia de la formulación de un Plan para la reconstrucción de Venezuela se observa tanto un silencio cómplice por parte de quien solo puede mostrar una catástrofe nacional; como un reduccionismo conceptual estratégico de aquellos otros que asumen que en política es más importante la percepción que la realidad y por tanto se limitan a expresar de forma descontextualizada “atractivas” propuestas cargadas de inviabilidad temporal y de populismo demagógico, tales como: Paquete Económico Expansivo (¿?); dolarización de la economía y el salario;  generar salarios altos hasta por un mínimo  de US $ 400/mes; desmontar con inmediatez el control de cambio; flexibilizar los controles de precio; subsidio directo a la familia mediante una “tarjeta solidaria”; estimular la inversión privada en la industria petrolera y eléctrica;  solicitud de préstamos a los organismos internacionales por al menos US$ 12.000 millones para reactivar PDVSA; reducir el pago del servicio de la deuda mediante conversaciones con los tenedores de bonos; negociar préstamos en dinero con China, Rusia e India sin compromisos colaterales; entre otras.

Reflexión final: Con la llegada al poder del castro-chavismo-madurismo, se interrumpió lo que durante 30 años fue un modelo de democracia estable y consolidada que “nos hacía felices sin darnos cuenta”, a la cual renunciamos en favor de una utopía socialista-comunista-totalitaria reductora de libertad y progreso. Aún estamos a tiempo de unirnos para recuperar nuestra DEMOCRACIA.

Economista Jesús Alexis González

Abril/01/2018

Dolarización un Término Atractivo pero… – Jesús Alexis González

Reflexión inicial: La dolarización es un concepto global que hace referencia a la adopción, por parte de un país de cualquier moneda extranjera, no solo el dólar estadounidense, como moneda de curso legal.

A tenor de dicha reflexión, la dolarización ha de entenderse como un proceso mediante el cual un país adopta la moneda de otro país o la emplea conjuntamente con la moneda nacional, en el entendido que cuando una Nación se dolariza no necesariamente quiere decir que adoptó el dólar estadounidense, puede ser cualquier otra moneda. La dolarización surge ante la debilidad de la moneda local de poder cumplir con alguna de las tres funciones que le son inherentes: Medio de Pago (se acepta como pago por cualquier bien o servicio); Unidad de Cuenta (a los fines de fijar los precios); y como Depósito de Valor (capacidad de conservar dicho valor en el transcurso del tiempo). Es de acotar, que el dinero falla en sus funciones, muy especialmente, ante variaciones bruscas de la tasa de cambio (precio de una moneda extranjera en términos de la unidad monetaria doméstica) lo cual equivale a una devaluación nominal, propiciando que los agentes económicos prefieran tanto conservar la mayor parte de sus activos, como realizar sus transacciones en una moneda extranjera.

La dolarización, es básicamente, una alternativa para intentar enfrentar y protegerse de las consecuencias surgidas de numerosas y severas crisis inflacionarias y cambiarias atándose a una moneda más fuerte; siendo que entre los factores que propician una dolarización pueden citarse: 1.- Inestabilidad Macroeconómica; 2.- Ausencia de Programas de Estabilización (o falta de credibilidad en ellos); 3.- Inflación creciente perfilada como hiperinflación; y 4.- Crisis de Institucionalidad política. Es así, que para algunos la dolarización de una economía representa una forma de superar la inestabilidad monetaria en un contexto de transformación del Sistema Cambiario: conjunto de reglas e instituciones que rigen la forma como se manejan las reservas internacionales y se determina la tasa de cambio (número de unidades de la moneda nacional que podemos obtener por una unidad de moneda extranjera); todo ello en el marco de lo que se denomina una crisis cambiaria que tiene lugar, según la ortodoxia, cuando la tasa de cambio nominal (con respecto al dólar, p.ej) se devalúa al menos un 25% afectando con rigor el resto de la economía; que en lo atinente a Venezuela durante la etapa “madurista” la devaluación nominal oficial varió desde Bs 4,30/US$ en febrero 2013 a Bs 25.000/US$ en febrero 2018 materializando una evidente depreciación significativa del bolívar; en un contexto mayormente causado por una indisciplina fiscal y por la impresión de dinero sin respaldo en un desenvolvimiento que hemos venido observando con desdén (indiferencia y desprecio). Recordemos,p.ej. que durante el “proceso revolucionario” se han aplicado 48 aumentos del salario mínimo (vs 9 durante la etapa democrática) siendo que solo en 2017 se incrementó 6 veces mientras que el incremento aplicado en 2018 fue de un 62,5%; en conjunto a una populista y electoral asignación directa e indirecta de dinero que en muy poco contribuye con la elevación social del estrato más necesitado.

La dolarización puede instrumentarse mediante tres modalidades: A.- Extraoficial: Es de carácter espontáneo y se materializa cuando los agentes económicos prefieren mantener parte de sus activos financieros en moneda extranjera, como un preámbulo a la etapa de “sustitución monetaria” cuando toman como referencia la moneda extranjera relacionándola con la moneda nacional sólo para fines de pago; B.- Semi-Oficial: La moneda extranjera es de curso legal, sin embargo la moneda nacional continúa jugando un papel primordial en la economía; C.- Oficial o Formal: La moneda extranjera relega a un segundo plano la moneda nacional o la hace desaparecer, y tal condición se lleva a cabo de manera bilateral mediante un Acuerdo o Tratado limitado y específico. Los costos de asumirla, impactan de manera variada con especial énfasis en la reducción de la flexibilidad en la política monetaria del país que dolariza; o lo que es lo mismo reduce

su campo de acción en materias como la regulación del nivel de empleo, la estabilidad de precios, el equilibrio de la Balanza de Pagos, el crecimiento económico, entre otras.

Desde un ángulo complementario, ha de señalarse que la viabilidad de dolarizar está fuertemente condicionada por la situación de las reservas internacionales del país que aspira hacerlo, en aras de estar preparado para financiar posibles desequilibrios de la Balanza de Pagos, así como para contrarrestar ataques especulativos contra la moneda nacional, para cumplir con los pagos internacionales, para soportar el flujo de capitales y comercio; al tiempo de ser, a nivel internacional, el reflejo de la solvencia del Banco Central. En lo que a la Venezuela de la actualidad se refiere, dichas reservas internacionales liquidas poco pueden contribuir en pro de una dolarización ya que su volumen para finales de 2017 apenas alcanzaba, según cifras que suponemos “maquilladas” del Banco Central de Venezuela, a unos pocos US$ 3.500 millones que luego de “quitarle el maquillaje” apenas se ubicarían en menos de US$ 1.000 millones; con el agravante que el oro (reserva no liquida) representa un alto porcentaje sobre el total a pesar de haber perdido en gran parte su condición de monetizado (al no encontrarse en las bóvedas del BCV), un hecho grave que adquiere carácter dramático habida cuenta que en las reservas están contabilizados bonos cubanos, pagarés del Banco Nacional de Cuba, Ecuador, y Argentina, así como deuda de PDVSA y de la República; es decir instrumentos de elevado riesgo.

Reflexión final: A efectos del caso venezolano, hemos de tomar en cuenta que la dolarización 1.- No implica necesariamente la adopción del dólar estadounidense; 2.- No es una “tabla de salvación” para la economía ya que no resuelve la mayoría de los problemas de fondo que existen en ella; 3.- Limita, para bien o para peor, el manejo de la política monetaria; 4.- Obliga, en caso de ser necesaria la dolarización, a la instrumentación de claras premisas económicas y sociales, las cuales paradójicamente tendrían efectos muy positivos sin necesidad de dolarizar; 5.- Es condición necesaria una tasa de cambio y un régimen cambiario adecuado para que surta el efecto positivo deseado en materia de progreso y prosperidad (que de existir no haría falta una dolarización); 6.- Es una obligación la existencia de una profunda definición sobre economía política (más allá de lo monetario y cambiario) habida cuenta que ella recoge la intención gubernamental tanto en materia de pensamiento económico (en caso de tenerlo) como político, que para “el proceso” bien pudiera ser permanecer eternamente en el poder; 7.- En el entendido que la dolarización es un proceso donde puede adoptarse cualquier moneda (no necesariamente el dólar estadounidense, como antes se mencionó) ha de ser de conocimiento público, previo a su instrumentación, cuál es la moneda extranjera que se tiene prevista ante el riesgo que representa una sesgada “visión comunista”.

Finalmente, cabe preguntarse: En Venezuela hace falta dolarizar, o bastaría simplemente con cambiar la actual cúpula gubernamental-dictatorial mediante elecciones libres y justas, para, con plena seguridad, abrir paso al retorno de un enfoque económico-social totalmente alejado de de la fracasada “visión comunista”.

Economista Jesús Alexis González

Marzo/18/2018

Depresión económica y polarización social – Jesús Alexis González

Tal y como es bien conocido, entre 1999 y 2013 el precio de la cesta petrolera venezolana creció en más de un 300% para luego experimentar, al inicio de junio 2014, una caída al momento que se cotizaba a US $ 98,70 hasta ubicarse para esa fecha en US $ 41,25 (su menor valor desde 2009); ello como consecuencia tanto de un aumento significativo de la oferta petrolera de los países NO OPEP con especial relevancia de EEUU con un crecimiento interanual del 15% (en el presente su producción supera los 10 millones de b/d) , como por una desaceleración del crecimiento económico mundial en especial de la región Asia-Pacífico (34% del consumo mundial de petróleo) y de Europa (20% del consumo mundial).
De igual modo, vale recordar que Venezuela y su industria petrolera experimentó una bonanza cuando el precio promedio del crudo pasó de US $ 11/b en 1998 a US$ 16/b en 1999 en continuo aumento hasta situarse en US$ 32/b en 2004 para continuar creciendo hasta ubicarse en un promedio de US$ 84/b y US$ 103/b entre 2011 y 2014; siendo que entre 1999 y 2014 el país contó con un monto superior a US$ 1,2 billones para un promedio anual de US$ 70.000 millones durante 17 años Vs US$ 15.000 millones anuales del último quinquenio de la Democracia (en el primer año de la “revolución” el ingreso superó todo el saliente quinquenio democrático). Es de acotar, que a ese fabuloso monto ha de sumarse compromisos de deuda por US$ 92.750 millones hasta 2027 (Ecoanalítica), adicionalmente a otros US$ 54.300 millones ya parcialmente pagados en clara demostración (ante la ausencia de crecimiento y desarrollo) que durante el boom petrolero se enfatizó tanto en un aumento del gasto público populista-electoralcomo en una cuantiosa malversación revestida de corrupción que según el exministro J. Giordani puede situarse en unos US$ 300.000 millones equivalente a un 27% del total de ingresos, hecho que facilita inferir la elevada cantidad de fortunas personales generadas. Al propio tiempo, PDVSA ha venido disminuyendo su producción en una realidad observada a la luz de la cantidad de taladros en operación que cayó desde 115 a finales del 90 a unos 79 en 2013 y a 49 en 2017; situación en mucho causada por la brusca disminución del financiamiento de la propia industria hacia nuevas inversiones habida cuenta que una inmensa cantidad de los recursos que le ingresaron fueron destinados a la instauración del Papá Estado como estrategia de dominación, superando con creces lo destinado a exploración y producción en una descabellada acción que ahora intentan compensar mediante un aumento de la deuda financiera de PDVSA desde US$ 3.000 millones al final de la democracia a más de US$ 46.000 millones en 2015 con especial énfasis en la colocación de pagarés en el BCV, que en conjunto con otras fuentes ha significado una constante emisión de dinero no productivo (inorgánico) que presiona continuamente el alza de los precios internos.

 

En fin, la caída tanto de los precios de la cesta como de la producción petrolera ha tenido (y tiene) evidente efecto negativo sobre el sector externo de la economía en cuanto al movimiento de divisas e importaciones se refiere (escasez y desabastecimiento) habida cuenta que los ingresos petroleros representan cerca del 96% de las exportaciones del país así como más del 50% de los ingresos fiscales; un dramático desequilibrio macroeconómico que el régimen intenta “enfrentar” ampliando, sin sanidad monetaria, la cantidad de dinero inorgánico en circulación, al tiempo de “escudarse” en una ficticia “guerra económica” supuestamente promovida por el imperialismo estadounidense; mientras que por ausencia de un plan de reestructuración y de haber eliminado el Fondo de Estabilización Venezuela ya entró en el quinto año de recesión para adentrarse en el tenebroso campo de la depresión.
Ha de entenderse, que la recesión económica implica un decrecimiento de la
economía por un mínimo de dos trimestres consecutivos con tasas negativas de
variación del PIB, que al prolongarse en el tiempo por más de tres años consecutivos o que el PIB tenga una caída del 10% o más en un año (como viene sucediendo en
Venezuela) se trasciende hacia la depresión económica que hace referencia al lapso
durante el cual declina con intensidad el PIB, disminuye la capacidad adquisitiva de la población, se devalúa la moneda, y aumenta el desempleo en un escenario de
destrucción del tejido empresarial. A tenor de ello, puede asumirse que una depresión es en la práctica una gran recesión económica cuyas características y consecuencias son de mayor magnitud y prolongadas durante más tiempo.
Resulta pertinente citar que Venezuela, hasta finales del 2017, mostró un crecimiento negativo durante 16 trimestres consecutivos (4 años) y una reducción del PIB superior al 50%, y en razón de ello ha desaparecido la mitad de la economía, con probabilidad de transitar hacia lo que pudiere ser el quinto año consecutivo de
decrecimiento económico bajo la indeseable premisa ceteris paribus (mantenerse el
resto constante) de una continuidad del actual régimen en el poder, en un hecho que
luego pudiere denominarse la “Gran Depresión venezolana de 2018” en un escenario
que impactará de variadas formas, tal como el aumento del hambre ya señalado por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en cuanto a que durante el período 2016-2017 el hambre continuó ascendiendo, afirmación que facilita inferir que para el 2018 y siguientes la hambruna (escasez generalizada de alimentos básicos que padece una población de forma intensa y prolongada) afectará a millones de habitantes; en un marco de pobreza de ingresos (una familia que no cuenta con recursos para comprar una canasta de alimentos básicos al mes) que superará la ya critica situación actual donde se encuentra más del 80% de la población, al igual que en la condición de pobreza extrema (falta de recursos para satisfacer las condiciones mínimas necesarias para la subsistencia: ingesta alimentaria, vivienda, vestido y asistencia sanitaria) que puede elevarse más allá del 62% del presente. Ambos niveles de pobreza, han sido consecuencia de la ausencia de un modelo económico al punto que según el FMI la economía cayó un 18% en 2016, un 12% en 2017 y estima un 15% para 2018 hasta reducir el PIB en un 50% durante el trienio 2016-2018 equivalente a señalar que la producción de bienes y servicios se habrá reducido a la mitad para finales de 2018.
Desde un ángulo complementario, la hiperinflación reinante aunado a la tasa de inflación que el FMI estima en un 13.000% para 2018, puede conducir a Venezuela hacia una polarización social entendida como un proceso de segregación de la sociedad (desplazamiento de las personas) en un escenario de precarización del mercado de trabajo (incremento de los puestos de trabajo poco cualificados) hasta perfilar dos grupos perfectamente diferenciados: (A) Una aplastante mayoría ubicada en el estrato de pobreza de ingresos en tránsito hacia la pobreza extrema, y (B) Una minoría vinculada con el régimen que disfrutará (y ostentará) la inmoralidad de una riqueza mal habida (conjunto de bienes, dinero o cosas de valor que poseen siendo de procedencia dudosa) así como del bienestar que le proporcionará su cercanía con el Papá Estado comunista.
Es de manifiesta obviedad, que tal polarización social se traducirá en conflictos
sociales especialmente centrados en (1) Pugna por alcanzar los pocos puestos de
trabajo que muchos aspirarán habida cuenta de ser poco exigentes en términos de
conocimiento, habilidades y destrezas; (2) Masiva emigración en la búsqueda incierta de un mejor futuro; y (3) Proletarización de la clase media que ante la necesidad de subsistencia se verá obligada a depender de un trabajo gubernamental y por ende a entregar su fuerza emprendedora a la dictadura propietaria de los medios.
Reflexión final: Deslastrarnos del quemeimportismo al tiempo de integrarnos en favor de una Sociedad Unida por la Democracia es la única vía para evitar la penuria (falta o privación de las cosas más necesarias para vivir) de ese triste devenir.

Economista Jesús Alexis González
11/Mar/2018

Hiperinflación venezolana con visión alemana-argentina – Jesús Alexis González

La hiperinflación, hace referencia a un aumento considerable de la tasa de inflación que a la luz de la ortodoxia económica, según la definición clásica (Philip Cagan, 1956) es un episodio que comienza el mes cuando el aumento de los precios supera el 50% y termina el mes anterior al cual tal aumento cae por debajo de esa tasa, permaneciendo así por lo menos durante un año.
Resulta pertinente citar, en lo que respecta a la Venezuela actual, que la tasa del mes de enero 2018 superó el 85% (sin horizonte de terminación) mientras que la anualizada enero 2017 a enero 2018 se situó en 4.065% y para el 2018 (de mantenerse las indeseables condiciones política-económicas) el FMI prevé un 13.000% de inflación lo cual, en arbitraria estimación, podría traducirse en una tasa mensual que oscilaría sobre un 1.000%; una demoledora situación causada fundamentalmente por la impresión de más billetes de los requeridos para el
desenvolvimiento equilibrado de la economía; a objeto de financiar el populista gasto público del régimen (aumento de la ilusión salarial y otorgamiento de múltiples bonos) lo cual ha provocado una fuerte disminución en el valor de la moneda habida cuenta que al aumentar de forma rápida los precios, obviamente, la cantidad de bienes y servicios que con el dinero se puede adquirir disminuye, con el agravante que una vez que se inicia el fenómeno hiperinflacionario se va generando una auto-reproducción que resulta muy difícil de detener en razón, principalmente,
a que los consumidores al saber que el valor del dinero cae rápidamente tratan de gastarlo lo más pronto posible, propiciando que los precios perpetúen su carrera al alza.
Vale recordar la hiperinflación alemana del año 1923, época durante la cual el gobierno socialista asumió que podía imprimir ilimitadamente billetes de banco para cubrir el déficit de las industrias estatizadas , al igual que para saldar las deudas del Estado y para, fundamentalmente, adelantar una política de socialización de la economía que incorporó costosos programas de bienestar social que propiciaron un elevado déficit fiscal como consecuencia de una permanente elevación de los gastos oficiales, al tiempo que los ingresos públicos declinaban gradualmente (en octubre 1923, sólo el 0,8% del presupuesto nacional quedaba cubierto), y frente a tal descalabro el gobierno incurrió en una sistemática emisión monetaria (desde 22 billones de marcos en 1919 a 400 trillones en noviembre de 1923) abriendo las puertas a la demoledora hiperinflación que condujo a un colapso el 30 de octubre de 1923 día cuando el precio del dólar estadounidense, que había valido 4 marcos en 1914, alcanzó la extraordinaria cotización de 6 billones de marcos; induciendo desocupación, caos social, saqueos callejeros y mucho más, al extremo de abonar el camino para transitar hacia el nazismo facilitando que un personaje alienado, un psicópata gritón y de gestualidad intimidante llegase al poder absoluto en una de las naciones más civilizadas y cultas de la tierra, quien llevó a la humanidad a una guerra mundial que cobró la vida de más de 50 millones de personas.
En la obra Lo que vendrá (Álvaro Alsogaray, 1975 citando a Majorie Palmer) se describe crudamente lo ocurrido aquellos días de pesadilla: “Es difícil para cualquiera que se haya criado en una sana economía monetaria comprender el caos que siguió al colapso del marco alemán. Los precios variaban por hora y los nuevos valores se anunciaban y remarcaban continuamente a medida que el valor del marco continuaba su espiral ascendente. En un día de junio un hombre pagó 14.000 marcos por un sándwich de jamón, al día siguiente el mismo tipo de sandwich, en el mismo negocio le costó 40.000 marcos (6.000 dólares al cambio de la posguerra).Los habitantes que vivían en la ciudad, experimentaban que sus cheques semanales apenas cubrían el costo del transporte hasta sus casas”.

 
Muchos sucesos similares de esa época, han sido referenciados tal como que la prensa anunciaba diariamente el denominado “índice” de la jornada equivalente a un número por el cual había que multiplicar los precios del año 1913 que para el día 2 de noviembre de 1923 fue de 76.400.000.000; en un contexto donde al precio de 100 dólares podían comprarse series enteras de edificios de 6 pisos al igual que fabricas que no costaban mucho más, al punto que en el Banco del Estado había alrededor de 1.000 empleados que trabajaban en dos turnos para contar montañas de billetes inútiles que perdían su valor en cuestión de horas, mientras que en la confección de dichos billetes participaban 150 plantas impresoras con más de 2.000
trabajadores.
De igual modo, en Alemania con la hiperinflación cundió la inmoralidad así como las revueltas callejeras y el pillaje llevadas a cabo por turbas hambrientas, que entre otras muchas acciones, invadieron las granjas obligando a los propietarios a entregar su ganado que era descuartizado en el acto para ser distribuido entre los presentes. A la luz de tal escenario, en septiembre del año 1923 se declaró el estado de emergencia nacional y el ejército fue llamado a sofocar las revueltas; y por ello no resulta una exageración afirmar que la hiperinflación provocó la disolución de la sociedad en un marco donde la escasez de alimentos provocó graves enfermedades elevándose enormemente la tasa de mortalidad; en tanto que por todos las formas
el gobierno procuraba soslayar su responsabilidad en ese desastre acusando a los
especuladores (que los nazis identificaban como “los judíos”) y a los aliados vencedores de la guerra.
A principios del año 1924, se logró, con gran esfuerzo, poner en circulación una nueva moneda de carácter provisorio: el “Retenmark” que se canjeaba por la vieja moneda en una proporción de una igual a un billón de marcos; hasta que el 30 de agosto de 1924 (ocho meses después) se reorganizó la vieja moneda a un valor igual al de 1914: 4,2 Reichmark por dólar.
En Argentina de 1974 en adelante, de forma semejante a la Alemania de 1923 donde hubo caos social, personas que se enriquecieron con la especulación y otros que perdieron todo, saqueos a supermercados y muertos. Las causas de la hiperinflación fueron exactamente las mismas que la de toda hiperinflación: la emisión irresponsable de moneda destinada a cubrir el déficit fiscal; la nación sureña, venía viviendo un largo período de inflaciones de diferente intensidad desde el
lapso 1946 a 1974 cuando la inflación promedio fue de un 30% anual, así como la del período 1975 a 1988 cuando se situó en tres dígitos siendo denominada la “megainflación”, que se repitió tanto entre 1988-1989 cuando se ubicó en un 5.000% como en 1990 cuando alcanzó un 21.000% anual. El drama argentino, terminó con la sanción de la Ley de Convertibilidad en el año 2002 que estableció una paridad cambiaria fija de un peso igual a un dólar estadounidense al tiempo de abolir la indexación o actualización monetaria (ideada por los brasileños) así
como prohibir al Banco Central financiar al Tesoro con emisión monetaria. Luego de ello, Argentina vivió durante 10 años una estabilidad de precios casi perfecta hasta que, como siempre, un escenario de exceso de gasto público a la sombra del “papá Estado”, del despilfarro, del endeudamiento y de la corrupción se indujo el estallido.
Reflexión final: Los episodios de hiperinflación surgidos en la modernidad, fueron casi todos precedidos por muchos años de inflación al extremo que la estabilidad de precios (luego de eliminada la hiperinflación) no se recuperó prontamente, tal como el caso de Bolivia (14 meses) y Perú (36 meses); siendo que mucho más tiempo se necesita para lograr una tasa de un digito como sucedió en Argentina (48 meses) y Bolivia (90 meses). Para el caso venezolano del presente, se hace casi imposible estimar el tiempo de recuperación de la estabilidad de precios en razón a dos cuestiones básicas: (A) Si el actual régimen continua en el poder la megainflación se
hará presente irreversiblemente; (B) La actitud de una mayoría poblacional que acepta con sumisión y con un quemeimportismo degradante el populismo gubernamental con especial énfasis en la hipocresía salarial al tiempo de expresar que con “una basurita de incremento me conformo”; mientras en simultáneo el país se desvanece arrastrando sus propias esperanzas y muy especialmente las de la juventud y con ello el futuro de Venezuela, sin percatarse muchos de ellos que están cooperando con la diabólica estrategia dictatorial de esperar el surgimiento de una generación que sólo habrá conocido la dictadura y por ende tendrá comprimido el deseo de luchar contra ella.
Es tiempo que en la MUD se genere una mutación hacia la SUD: Sociedad Unida por la Democracia; única opción para evitar el colapso.
Economista Jesús Alexis González
Marzo/04/2018

« Entradas Anteriores