Card. Porras: “Los venezolanos somos hermanos, no enemigos”

El prelado recordó el dolor de quienes sufren la severa crisis humanitaria global en Venezuela, pero llamó a alimentar la esperanza en Dios, cuyas promesas evangélicas están cargadas de buenas noticias.

Caracas.- El cardenal Baltazar Porras tomó posesión como Administrador Apostólico de la arquidiócesis de Caracas, en una nutrido y conmovedora misa en la Iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá que acudieron autoridades civiles y religiosas. Acto en el que recordó que los venezolanos no somos enemigos, sino hermanos que debemos estar más unidos que nunca.

Durante su homilía, el prelado llamó a la reconciliación, e invitó a cultivar la esperanza en medio de la grave crisis social, económica y política que afrontan los venezolanos. La del país, dijo Porras, es una situación “omnipresente, dramática y angustiosa” debido a la pobreza “e incluso miseria generalizadas”.

Dijo el también arzobispo de Mérida que la crisis es sin embargo una llamada a trabajar decididamente en la opción preferencial por los pobres “hecha de solidaridad y misericordia como sello distintivo de encarnación evangélica”.

Ante la circunstancia que tanto afecta a los venezolanos, dijo que debemos responder con el salmo: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza”. Pero aclaró: “No nos quedamos sólo en palabras. El testimonio, siendo imitadores del apóstol y sus discípulos, lleva a probar la alegría del Espíritu Santo en medio de fuertes oposiciones”.

En efecto, venimos a anunciar la alegría del evangelio, resumido en las bienaventuranzas, en particular las relativas a la vida, la paz y la esperanza.

“Supervivencia, convivencia y buen vivir”

En nuestra cotidianidad ellas corresponden a los tres niveles del Bien Común: la supervivencia, la convivencia social-política, y el “buen vivir” moral trascendente, espiritual. Todo ello asentado en los “bienes mesiánicos”: la libertad de los hijos de Dios; la justicia como igualdad de fraternidad; la caridad como reconciliación y misericordia. Todo un programa evangélico de fidelidad al Señor y de dignificación de nuestros hermanos.

“Venimos a anunciar la alegría del evangelio, resumido en las bienaventuranzas, en particular las relativas a la vida, la paz y la esperanza. En nuestra cotidianidad ellas corresponden a los tres niveles del Bien Común: la supervivencia, la convivencia social, política, y el “buen vivir” moral trascendente, espiritual”, dijo.

Todo ello, aclaró, “asentado en los “bienes mesiánicos”: la libertad de los hijos de Dios; la justicia como igualdad de fraternidad; la caridad como reconciliación y misericordia. Todo un programa evangélico de fidelidad al Señor y de dignificación de nuestros hermanos”.

“Sin venganzas fratricidas”

Sostuvo igualmente que el futuro de nuestra esperanza es una sociedad reconciliada en la verdad, la justicia y la misericordia, “sin venganzas fratricidas ni memorias selectivas”, pero dejó claro que ese servicio “se impone cristiana y patrióticamente, sin injerencias clericales ni maniqueísmos entre fe y política, para caminar con creatividad y coraje, en la seguridad de que quien da el incremento o el ‘más y mejor’ es el Señor”.

Recordó además que “la Iglesia no crece por proselitismo sino ‘por atracción’ (EG. 14). Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, ‘la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”.

Enfocado en esa meta, el nuevo Administrador Apostólico de la arquidiócesis de Caracas dijo que en continuidad y creatividad con lo que la Iglesia en Caracas ha desplegado a lo largo del tiempo, “debemos reforzar los valores y virtudes que nos permitan que cualquier acción que emprendamos esté signada por el respeto, la ayuda mutua, la reconciliación, el perdón y la misericordia (…) curando heridas con la satisfacción interior de ser hermanos y no enemigos”.

En este quehacer, dijo, “nos acompañan la protección maternal de María Santísima y la fuerza transformadora del Señor, que en la imagen del Nazareno de San Pablo renueva el milagro del limosnero del Señor. Que así sea”.

Fuente: Reporte Catolico Laico