De la MUD y Otras Cosas- Arnaldo González

Dedicarle tiempo al análisis del descalabro, pena ajena incluida, de la Mesa de la Unidad Democrática, me parece al menos un despropósito. La proyección en el imaginario Nacional e Internacional es de sorpresa, de asombro,  de turbación. Sin embargo, unas líneas sobre el asunto no son despreciables.

De la MUD y Otras Cosas – Por: Arnaldo González

El mal hacía estragos y no se hacía caso. Devenida, la MUD en una concertación electoral, sustentados en reglamentos leoninos, injustos e inoportunos, propició el aislamiento progresivo de la dirigencia con la calle. La cuota de candidaturas era la meta, la elección su consecuencia natural.

La verdad, la que nadie quiere reconocer, es que sin elecciones a la vista, la concertación no tendría razón de existir para los de visión corta y ambiciosa. Una vez más se le da la espalda al pueblo al que le hicieron ver que en seis meses Maduro sería sustituido.

Para la MUD cuestiones como el modelo de desarrollo económico y las estrategias de lucha frente al régimen aparecen como como temas de continua presión en la que se logran alcanzar acuerdos de muy corta duración seguido de eventuales rupturas internas. Caso de las protestas que iniciaron el año 2014 (Briceño, Héctor. Polarización y Crisis de Representación. Caracas 2017).

Las recientes fracturas y posturas, desnaturalizan la Unidad y apuntan a su desaparición total. El esfuerzo que muchos hicimos para que  reaparecieran  los partidos políticos como principales protagonistas de la lucha electoral y política en Venezuela, pareciera que toca su fin con el peligro que ello implica.

Y qué es del frente amplio?. En apurada síntesis, la reedición de la Coordinadora Democrática, murió en la incubadora. Los cuidados neonatales no fueron suficientes, como las argumentaciones para su estructuración y operatividad.

Qué hacer?. Como afirman Naim y Toro (2016) “Chávez se volvió un maestro en el paradójico arte de destruir la democracia a punta de elecciones”. En consecuencia, la respuesta no es fácil. Pero si alguna variable es repetitiva, en la caída de regímenes autoritarios, es la protesta diaria en la calle, organizada por un liderazgo que lo arriesgue todo, con una resistencia activa que incluya a los militares institucionalistas, dispuestos a defender la libertad y la democracia en la que creen, esperando el momento para actuar. Están allí dispuestos siempre a subordinarse al Poder Civil, sin cortapisas ni ambigüedades de ninguna naturaleza.

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