La Iglesia Venezolana ante el Panorama Nacional, retrató al régimen y a la oposición

Como ciudadano me pongo a pensar en las oportunidades de desarrollo que se han perdido en el país; por un lado, ante la implantación de un modelo político, como es el modelo totalitario y hegemónico por el que lucha una minoría, que ha generado pobreza en el pueblo; y por otro lado, un liderazgo opositor fragmentado, con proyectos individuales

MONSEÑOR JOSÉ LUIS AZUAJE AYALA, ARZOBISPO ELECTO DE MARACAIBO Y PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA EN LA APERTURA DE LA CX ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA.

Panorama nacional.

Después de este recorrido de algunas acciones eclesiales, permítanme expresar algunos elementos de reflexión desde el ámbito social. Debo recordar que de esta Asamblea Episcopal saldrá a la luz pública nuestra exhortación pastoral que abarca elementos de la realidad nacional.

La Iglesia es pueblo, un pueblo que es de Dios pero que se hace presente en la realidad social, por lo que vive y padece todo lo que los hombres y mujeres de esta querida tierra experimentan de negativo ante esta crisis globalizada. Por tanto, la Iglesia no está aislada, sino en medio del pueblo para servir y amar con preferencia a los que sufren y padecen, y compartir su riqueza, Jesucristo, con todos y todas. La Iglesia no es un cuerpo extraño ni mucho menos salvadora de situaciones contingentes, sino servidora de la vida desde el amor y la misericordia.

Después de unas elecciones presidenciales que ha generado más dudas que certezas, en la actual condición del país, el pueblo se hace algunas preguntas: y ahora ¿qué vamos a hacer?, ¿cuál es el camino a recorrer?, y hace una de las afirmaciones más sentidas: vivimos desesperanzados ante una situación injusta que nos ahoga. Ante esta situación recordemos las palabras del Papa San Juan Pablo II: “Cristo parecía impotente en la cruz. Pero Dios siempre puede más”; y el amor vence siempre, ese amor que está clavado en la Cruz, en los crucificados que va dejando esta perversa ideología y sistema de gobierno; pero ante esto debemos recordar que el amor vence siempre, y venció desde la cruz, desde los crucificados, desde el no hombre, desde la nada, desde la muerte.

Como ciudadano me pongo a pensar en las oportunidades de desarrollo que se han perdido en el país; por un lado, ante la implantación de un modelo político, como es el modelo totalitario y hegemónico por el que lucha una minoría, que ha generado pobreza en el pueblo; y por otro lado, un liderazgo opositor fragmentado, con proyectos individuales que apuntan a la toma del poder sin un proyecto país. Ante esto, el pueblo va hablando, se va sintiendo, va alzando cada día su voz.

Es la otra Venezuela que va despertando poco a poco, la Venezuela de la mayoría que se ha sentido engañada, pero que cada día se hace más consciente de su situación y se hace más solidaria, sencilla, sin arrogancia; son personas de nuestros pueblos, de nuestros barrios, de nuestros campos, de nuestras aldeas, de nuestros profesionales que han sido empobrecidos y que hoy salen a las calles a protestar por la falta de insumos y recursos para su trabajo, de nuestras madres que madrugan para hacer las injustas colas en la adquisición de alimentos y medicinas para sus hijos; las personas que día a día trabajan y luchan por sus familias, por sus ideales; esa que reza en su casa por los hijos que se les fueron, la que tantas veces se siente engañada por quienes negocian con la política y viven peleándose una cuota de poder; por estas personas es la apuesta de nuestra Iglesia en salida y de tantas instituciones nacionales e internacionales. Por tanto, es un clamor despertar y reaccionar, es el momento del encuentro como país. Debemos recordar que los cambios vienen de las periferias.

El Papa emérito Benedicto XVI dice: “el primer servicio que presta la fe a la política es, pues, liberar al hombre de la irracionalidad de los mitos políticos, que constituyen el verdadero peligro de nuestro tiempo. Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre algo difícil; la voz de la razón nunca suena tan fuerte como el grito irracional. El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos” (1).

¿Será que en Venezuela solo nos hemos enfrentado a lo posible con consignas sesgadas del “ahora sí”, “ya es el momento”, “es inevitable”, etc?. Parecen tópicos creados en un laboratorio y no es mentes ilustradas. Dar esperanza no es algo instantáneo, está de por medio el testimonio de entrega y de caminar con el pueblo, no como salvadores, sino como compañeros de camino. Es tener la audacia de plantear alternativas viables construidas entre todos cuyos enfoques deben ser: la dignidad de la persona humana y la búsqueda del bien común que pasa por un sistema político ético y al servicio de todos. Es tener también la sensatez de saber contra que o quien se lucha. Este es el liderazgo que hay que crear y valorar.

Para nosotros los cristianos es retador este tiempo, porque estamos llamados al bien, a ser constructores de lo bueno, lo noble. La Carta de Pedro nos advierte: “Pero jamás alguno de ustedes padezca por asesino o ladrón” (1Pe 4,15). Los ciudadanos tenemos el arma democrática de la resistencia, más aún como cristianos bajo la lógica del amor y el bien común; nos resistimos cuando el Estado exige la negación del bien, de la justicia, cuando exige el mal. Ahí está el cristiano para resistirse a ello y para contrarrestar esta actitud con el bien, con lo justo desde su propia libertad. Aquí entra en juego la fe y no tanto los cálculos políticos. El centro de interés debe estar en el bienestar del pueblo, de la familia humana, en la promoción de la dignidad humana y de sus derechos, haciendo énfasis en el cumplimiento de sus deberes cuando las condiciones normales lo permitan.

Un factor fundamental es reconstruir el liderazgo social, no solo desde las cúpulas, sino desde las bases sociales. Esto no es algo instantáneo, sino un empeño constructivo y de concientización que vaya permitiendo vencer pequeñas batallas hasta lograr revertir el mal que engendra a una sociedad de necesitados. Tantas iniciativas que caminan cada una por su lado, donde se cree que la perfección y la razón les protegen individualmente, sin acceso a la riqueza del otro. Venezuela no se reconstruye a pedazos, ni puede esperar ensayar cada una de las propuestas, por lo que hay la necesidad de la unidad, de verse las caras, de buscar puntos comunes, de dejar la arrogancia política de la perfección.

Este pueblo está hablando. Las miles de protestas que se suceden diariamente, aunque no se reportan en los medios de comunicación, manifiestan el gran descontento que existe ante el sometimiento de unas improvisaciones que enmarca el sistema e indican la falta de racionalidad y pericia de quienes deben tomar decisiones en materia pública. Estas protestas indican el fracaso de un modelo que a grito y desde hace muchos años el pueblo viene denunciando. Pero cuando una mecha se ha encendido, ya no se apaga y se va haciendo más fuerte hacia su destino final: la liberación integral.

Muchas Gracias.

(1). Benedicto XVI. “Los cristianos ante los totalitarismos, en Joseph Ratzinger. Benedicto XVI. Liberar la libertad. Fe y política en el tercer milenio. BAC. Madrid, 2018. P. 76