El salario nominal: estrategia de dominación política y destrucción empresarial- Economista Jesús Alexis González

Existe un pensamiento popular, según el cual, cuando H. Chávez asumió la presidencia en el año 1999 e inicia su demagógica y populista “economía de izquierda” no tenía definido un modelo económico ni al menos una política macroeconómica, a lo cual agregan que la “revolución” todavía hoy día carece del conocimiento económico necesario para controlar la hiperinflación ya que se rigen por leyes misteriosas.  Tal percepción es, a nuestro parecer, una verdad a medias ya que muy por el contrario están aplicando al “pie de la letra” la enseñanza de Vladimir Lenin: “La mejor manera de destruir un sistema capitalista es corromper la moneda”, que implícitamente equivale a disminuir profundamente el valor del dinero en manos del público mediante una elevada inflación, al tiempo de contraer significativamente el poder adquisitivo de los ciudadanos con la intención soterrada de acabar con las bases de la sociedad. A la luz de esta visión, el denominado “socialismo del siglo XXI” impulsó desde el inicio la “confrontación” entre la remuneración al trabajo (salario) y la remuneración al capital (ganancia empresarial) conociendo a la perfección que cuando el salario compite en términos de ganancia con el capital lo ¡destruye!

Es de obviedad manifiesta, que el fortalecimiento del Estado “socialista” empresario en Venezuela fue posible mientras el ingreso petrolero lo permitió, hasta convertirse en el gran importador de alimentos, medicamentos, productos terminados y de materias primas que profundizó el dominio político y la coerción (presión que se ejerce sobre alguien para obligarlo a asumir determinada conducta) por intermedio de una economía alejada de la ortodoxia, utilizando como principal estrategia la denominada ilusión monetaria entendida como un tema psicológico que hace referencia a la confusión mental inducida por el régimen para que el trabajados asuma  que un aumento del salario nominal no se traduce en un aumento de su poder de compra ¡por culpa de los empresarios privados y de la guerra económica! hasta convertirlos en cooperadores inconscientes de la destrucción de su fuente de empleo;  en un escenario donde un 82% de la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza espera, con sacrificio de su dignidad recibir,  su “cajita de alimentos”.

Ha de quedar suficientemente claro, que en la Venezuela “revolucionaria” el aumento del salario nominal sin la existencia de una concreta política contra la inflación, ha sido una estrategia instrumentada en pro de alcanzar una “victoria del salario sobre la ganancia empresarial y el capital”, al punto que se han materializado 45 aumentos hasta junio 2018 (cuarto del año) cuando se incrementó el salario mínimo integral hasta Bs 5.196.000 al variar desde Bs 2.550.500 que había sido aumentado ¡un mes antes!; haciendo la salvedad que el valor nominal del salario para el año 1999 (inicio de la “revolución”) era de Bs 120.000 con un poder adquisitivo promedio del 40% y una inflación de 20,5%; en contraste con el año 2018 cuando dicho valor nominal supera los Bs 5.100 000 con un poder adquisitivo negativo y una inflación anualizada a febrero de 6.147% y mensual a mayo de 110,1%. Tal situación refleja con transparencia, que el régimen utiliza los “los aumentos salariales nominales” más con la intención de dominar políticamente el país, de controlar la voluntad del pueblo y de acabar con el sector empresarial e industrial privado; que para elevar el salario real y aumentar el poder adquisitivo del trabajador, habida cuenta que durante el mandato “revolucionario” Venezuela ha visto reducir su “tamaño empresarial” en más de un 60%, mientras que al propio tiempo la economía se ha contraído en un 57%.

Reflexión final: Para retomar el sendero del progreso y bienestar económico se requiere liberar las fuerzas productivas bajo la conducción del sector privado a la luz de un estímulo a la inversión nacional y extranjera, en el marco de un desmontaje del control de la economía, de la interrupción de la emisión de dinero inorgánico, de una unificación del tipo de cambio, entre otras medidas, lo cual resulta poco menos que ¡imposible! con el actual régimen más aún, y como también señaló V. Lenin: “No hay moral en la política, hay sólo oportunismo. Un sinvergüenza puede ser de utilidad para nosotros sólo porque es un sinvergüenza”.