Sao Paulo trepida- Andrés Maroti

Y los comunistas trasnochados, extremistas mimetizados, socialistas matizados, liberales y demócratas del imperio, separatistas irracionales, más algunos que no saben en qué palo guindarse cuando ven que el mundo se está sacudiendo de las hipocresías sostenidas por políticos y organizaciones  que defienden toda clase de derechos e intereses menos los de aquellos que están realmente desamparados, entraron en pánico  y alboroto  febril porque la gente está saturada de las incongruencias entre los hechos y las teorías.

Al recién electo presidente de Colombia ya  empezaron a acosarlo y a  tratar de chantajearlo con  cantidades de advertencias y  parénesis que aspiran a encallejonarlo y dirigirlo.

No obstante, su primer comentario  dejó a este régimen claro y sin vista porque no lo reconoce y no va a enviar un embajador que represente a su gobierno ante estos ilegítimos.

El hombre se inicia con el pie acertado e  incrustado directamente a la cabeza  de sus vecinos que no le han causado sino molestias y problemas de todo tipo,  inclusive los  migratorios por  los venezolanos que se han visto obligados a huir del pavoroso desastre  en el que estos  han convertido la nación. El ecuatoriano, sin tener una decisión  diáfana sobre su posición, no pudo contenerse y pidió que se  tuviera cuidado en el mantenimiento de la supuesta paz colombiana. La misión de  europarlamentarios que estuvieron acompañando los comicios también dejaron caer sin querer queriendo, como decía un  travieso de la televisión,  a lo que aspiraban sin  respetar el sentir de los colombianos que  lo rechazaron como está planteado. Las narcoguerrillas que se quieren beneficiar sin escrúpulos de lo  malamente pactado con  los negociadores del Nobel-presidente en territorio parcial, ya chillan y solicitan reunión para forzar lo que no les corresponde ni merecen.  El propio presidente  todavía en funciones ya amenazó con tiempo extraordinario de sesiones del congreso para aprobar la injusticia de paz.

Tanto la comunidad internacional como los nacionales del país deben aceptar que los colombianos hablaron dos veces claramente: la primera cuando  no aceptaron los términos del  Acuerdo de  Paz,  y  en este mes con el respaldo amplio que manifestaron a la fórmula política que se opone drásticamente a los comunistas, narcos, guerrilleros y quintacolumnistas que solamente quieren la paz  imponiendo sus condiciones  y límites. Así no debe ni puede ser, dicen los del  hermano  país. Después de los desmanes y la zozobra causada durante  sesenta años  es demasiado  verraco que la población se olvide, los perdone  y les eche la bendición. Sin embargo, perdonar cristianamente no está reñido con la justicia de los hombres y la de Dios.   No basta con arrepentirse porque el  daño se hizo y, objetivamente,  y en este caso todavía más,  tiene que ser reparado judicial,  material, moral y humanamente.

El perdón  es solo un sentimiento,   pero que deja a salvo el reato del pecador.