Concertación por el Cambio- Luis Fuenmayor Toro

La semana que concluye fue testigo de la presentación, púbica y formal, de una fuerza de oposición distinta de la actuante como única y hegemónica desde 1999 cuando, junto con el Gobierno del presidente Chávez, decidió que el escenario polarizado constituiría la única forma del desarrollo de la política y de la vida electoral venezolana. A pesar de la supuesta o real beligerancia de los enfrentados, ambos consensualmente trabajaron para desterrar o mantener en su mínima expresión a toda fuerza o grupo que les fuera ajeno. Las disidencias escasas y de poca significación en el seno de ambos grupos hegemónicos, generadoras de desprendimientos pequeños e intrascendentes, fueron tratadas colocando inmediatamente a los disidentes en el lado contrario, como enemigos y traidores.

Y así, con altos y bajos, transcurrió la política venezolana hasta 2009, cuando adicionalmente se incorpora una legislación electoral que le da cimiento legal a la polarización, mediante la creación de un sistema electivo de carácter mayoritario, que elimina la proporcionalidad establecida en la Constitución Nacional. Las victorias electorales legislativas de 2010 y 2015 fueron legalmente, pero inconstitucionalmente, abultadas en función del grupo victorioso y así darle suficiente mayoría para actuar sin la necesaria participación del otro. En 2005, esa mayoría suficiente había sido otorgada al Gobierno por la suicida abstención electoral de aquel momento.

Pero esa polarización se resquebraja a partir de la muerte del presidente Chávez y, en forma más notoria, luego del desencadenamiento de la ya muy larga crisis económica presente. Las divisiones de la MUD y del PSUV-Polo Patriótico han sido más que evidentes y el proceso continúa su indetenible marcha, pese al esfuerzo gubernamental de tratar de mantener el mismo esquema polarizado. El mayoritario rechazo popular al Gobierno, que en cualquier parte del mundo se hubiera traducido en su inmediato desplazamiento del poder, no ha podido ser canalizado exitosamente gracias a la existencia de una oposición tradicional errática, sectaria, soberbia y cómplice. Esta situación termina por separar a quienes venían desde hace tiempo presionando en sentido diferente al actuado.

La coincidencia de estos grupos, con quienes mantenían una política basada en el diálogo y en el enfrentamiento a los sectores polarizados, impulsa la aparición de la candidatura presidencial de Henri Falcón, lo cual crea la base material de la existencia de una oposición distinta de la que hemos tenido. Es así como nace una alianza opositora de nuevo tipo, que presenta una política diferente a la transitada hasta ahora. No propone quimeras, ni atajos; analiza y entiende la realidad política tal cual es, sin importar su crudeza; llama a la unidad, pero no hace de ella un fetiche; está convencida de la necesidad permanente del diálogo, pero de cara al pueblo, sin secretos ni mentiras ni componendas, y en función de la solución de los graves problemas nacionales.

Nace la Concertación por el Cambio: una ruta nacionalmente determinada, constitucional, democrática, electoral y pacífica, dispuesta a movilizarse y a enfrentar los problemas de la nación y de su gente, con proposiciones serias y concretas. Bienvenida.