¿Y la democracia pa´ cuándo?- Andres Maroti

¿Qué estará esperando la oposición política venezolana? Que vengan los nicas opositores de la pareja siniestra de allá a organizar   actividades tendentes a democratizar este país. Sin ánimo de comparación, porque cada situación es diferente y no se puede creer en las superposiciones alegres de espacio, tiempo y circunstancias, aunque la historia algo deja para la posteridad, sorprende que ese bravo pueblo que probablemente no está mencionado en el himno nacional, con la iglesia al frente, haya puesto en zozobra indiscutible a los abusadores sandinistas ensañados con ellos durante tantos años.

Ya llamaron a huelga general o paro nacional. Es admirable, cuando menos.  O que ocurra una suerte de milagro que haga cambiar el modo de pensar y actuar de los de aquí.  Tal vez  tenemos el optimismo irreal de contar  con el  transcurrir del plazo  terrenal en que las cosas se acaban o extinguen por causa  natural.  Hemos soportado veinte años de destrucción sistemática y organizada de la nación, con paciencia bíblica y estoicismo filosófico, y todavía mantenemos la creencia en  arreglar las cosas por medios ortodoxos, civilizados, legales y legítimos  que conduzcan a  reconquistar  lo que nos queda.

El pueblo burlado, vejado y desamparado no tiene conductores y está rodeado de  saqueadores, bribones y oportunistas por  todos lados.  Únicamente tiene bastante carencia  de electricidad, de salud, de agua, de comida, de medicinas y un vasto etcétera;  y le sobra delincuencia e inseguridad, amargura y desasosiego. Tiene claro lo que piensan y quieren hacer los verdugos del pueblo; y saben, más bien perciben de forma translúcida, que el futuro bajo la férula de  estos mangoneadores no es futuro sino un eterno presente pavoroso y triste.

Todos saben de lo que adolecemos sin necesidad de más diagnósticos, análisis, opiniones, explicaciones, justificaciones y palabrerías. De estas últimas hay para tupirnos y  regalar. Por cierto, en ambas aceras.

Hay inercia y ella  empuja el país  hacia un  conformismo terriblemente cómodo y abúlico. No hay vida,  a menos que queramos vivirla como queremos. Y con toda seguridad la mayoría no quiere vivirla bajo la tiranía de unos cuantos ignorantes y analfabetos dogmatizados por otros desalmados por cuyas venas no se sabe lo que corre.

La comunidad internacional que ha metido el hombro para  condenar al régimen que pretende subvertir la zona debe  estar estupefacta por la inactividad  ciudadana  y política de una sociedad que debería estar enardecida por todas las tropelías a las que ha sido sometida sin contemplaciones.

Ya los chilenos, a través de su  canciller que sacudió al nuestro en el foro internacional, expresaron  en lenguaje muy diplomático que los venezolanos teníamos que mover el trasero y solucionar  internamente el desastre de Venezuela. No hace falta ser muy agudo para entender que a pesar de los innegables respaldos a la democracia venezolana   la solución final  debe producirse en casa sin intromisión de agentes externos, para que no haya duda del  sentir de la nación. Tal  como en las peleas conyugales el tercero en discordia, aunque sea la suegra de buena fe, sobra. Resumen del mensaje: no  sigan recostándose. Arreglen su vaina.

La población, sin distingos, dice que está harta de tanta basura, que  esto no lo aguanta nadie, que hasta cuándo, y otras quejas;  no obstante cada que vez que lo grita con desespero parece que  coge aliento para seguir…en lo mismo.