Promesa de una sana economía, sin política monetaria: ¡Otro fraude! – Jesús Alexis González

Es de obviedad manifiesta, que una “sana economía” está condicionada por la evolución positiva de la vida productiva en función al crecimiento económico, entendido como un aumento de la renta y como un incremento sostenido de la oferta de bienes y servicios.

La economía como ciencia, ha desarrollado durante siglos diferentes modelos sobre el crecimiento económico y sus causas a la luz de buscar explicaciones en relación a cómo las economías crecen y la razón de sus cambios. A tenor de ello, se han identificado como factor clave la inversión en capital, educación y tecnología; teniendo como visión la distribución de la riqueza del país (si la hubiere). Desde un ángulo opuesto, la recesión económica hace referencia a un decrecimiento de la actividad económica y su presencia se convierte en “oficial” cuando la tasa de variación del producto interno bruto (medición del crecimiento real de la economía) resulta negativa durante al menos dos trimestres consecutivos, tiempo cuando la actividad económica se reduce y por ende disminuye la producción de bienes y servicios aumentando el desempleo y por consecuencia el consumo. Vale recordar, que Venezuela desde mediados del 2013 ha mostrado un crecimiento negativo de su economía durante ¡¡20 trimestres consecutivos!! perfilando una recesión muy intensa y prolongada durante casi 5 años, muy superior a lo establecido por los principios de la economía para entrar en una depresión económica que es de 3 años. La depresión ha de entenderse como un período de grave decrecimiento de la actividad económica al punto de estancarse en el fondo sin presentar síntomas de mejoría; trayendo como consecuencia, entre otras, una disminución importante del PIB cercana al 10% como umbral de la hecatombe (en Venezuela ha disminuido un 45%) en un contexto de cierre de empresas, altas tasas de desempleo, congelación del crédito, pánico entre los inversionistas, desabastecimiento y/o escasez y más; en mucho producido cuando las familias y los empresarios pierden la confianza y dejan de invertir al tiempo de aumentar su deseo por acumular efectivo disminuyendo el gasto y la renta hasta configurarse la etapa de las “vacas flacas”. Entre las depresiones económicas históricas más severas, valen citar a: EEUU, Crack de 1929 (el PIB de 1933 llegó a ser un 27% menor que el de 1929 y terminó afectando todo el planeta); recuérdese que en Venezuela el PIB de 2017 fue menor en un 45% al de 2014); y Argentina 1999-2003 (el PIB presentó tasas negativas superior al 10%).

La política económica, por su parte, debe entenderse como el conjunto de acciones y decisiones que instrumenta un gobierno con la intención de controlar la economía del país en función de proporcionar estabilidad y crecimiento económico; lo cual equivale a señalar que el gobierno conduce la economía del Estado con las herramientas de la política económica, siendo que entre sus objetivos se distinguen los de corto plazo o coyunturales y los de largo plazo o estructurales. En cuanto a los objetivos coyunturales valen citar: Pleno Empleo: Situación donde todos los individuos de un país, que están en condiciones de trabajar y que quieren hacerlo, se encuentran efectivamente trabajando; Estabilidad de precios: Se refiere al nivel general de los precios existentes en la economía; Mejoras en la Balanza de Pagos: Operaciones comerciales, de servicios y de capitales con el exterior; constituye un indicador macroeconómico sobre la situación económica del país siempre y cuando esté referido a bienes transables que son aquellos susceptibles de comercialización de forma legal a nivel internacional mediante operaciones con mercancías alejadas del comportamiento de un Estado Forajido. En cuanto a los objetivos estructurales de la política económica, se encuentran: A.- Expansión de la producción; B.- Satisfacción de las necesidades colectivas; C.- Mejorar la distribución de la renta y la riqueza; D.- Seguridad de abastecimiento; E.- Mejorar las formas de consumo privado.

En el marco de la política económica, se encuentra como disciplina aliada de vital trascendencia la política monetaria a efectos de controlar los factores monetarios (base monetaria y tipo de interés) para garantizar la estabilidad de precios y el crecimiento económico; siendo que mediante su uso el gobierno trata de tener influencia en la economía controlando la oferta monetaria (dinero en circulación) en aras de mantener el obligante equilibrio que debe existir entre la cantidad de dinero en circulación y la oferta de bienes y servicios a la luz de procurar un control de la inflación al mantener el nivel de precios en un porcentaje estable y reducido, propiciando de igual modo una caída del desempleo al impulsar la inversión, con el consecuente efecto favorable sobre el crecimiento económico. La eficiencia e impacto positivo de la política monetaria, está íntimamente vinculada con las funciones ejercidas por el Banco Central tal como ser el único proveedor de dinero en armonía con las estrategias diseñadas en el campo de la política monetaria con énfasis en el control de los agregados monetarios (cantidad total de dinero que circula en la economía). El principal objetivo del Banco Central, como ya mencionamos, es mantener la estabilidad de precios a través del control en el tipo de inflación ya que en caso contrario se genera una pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos; razón por la cual los países bien gobernados fijan como objetivo de inflación mantenerla entre el 2% y el 3%.

Reflexión final: Para 2018, el Fondo Monetario Internacional estima para Venezuela una inflación del 13.000%, una disminución del PIB real de 15% para una contracción cercana al 50% desde 2013. La “reelección” presidencial luego del “simulacro electoral” en una comparsa de “mudos económicos”, facilita presumir que Venezuela abandonará el fondo en que se encuentra para entrar en el “subsuelo”; a menos que se celebre un nuevo evento electoral presidencial justo, limpio y transparente con la participación de genuinos ¡¡Estadistas!! entendidos como personas expertas en asuntos de Estado.