Alegraos y regocijaos: una nueva beata entre los venezolanos

El pasado mes de abril el papa Francisco nos sorprendió con una nueva exhortación apostólica: Gaudete et exsultate, en español Alegraos y regocijaos.

Este bellísimo documento es una invitación que tiene como objetivo, en palabras del sumo pontífice hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor”.

Próximos a experimentar el extraordinario acto de beatificación de la Sierva de Dios Madre María Carmen Rendiles Martínez, comparto aspectos significativos de su vida para que comprendamos que el camino a la santidad, día a día, es factible más allá de los obstáculos del camino.

Bautizada Carmen Elena, esta caraqueña nació en 1903 en el seno de una piadosa familia. Vino al mundo con una condición: sin su brazo izquierdo. Lejos de constituir tal circunstancia un motivo para el complejo o el mal carácter, creció siendo alegre, dinámica, partícipe de juegos y también piadosa.

Alma eucarística, desde pequeña privilegia la oración y ama profundamente al Sagrado Corazón de Jesús, devoción que la acompañará toda su vida.

Cuando ingresa a la congregación de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, corporación de origen francés, cambia su nombre por María Carmen.

Vence severas adversidades de salud como una grave tuberculosis que le deja secuelas, teniendo que ser intervenida quirúrgicamente. Se le extirpa casi en su totalidad uno de los pulmones. Soporta la operación en silencio y sin quejarse, pese a que se efectúa con anestesia local. Por más que los médicos insisten en que se queje, no lo hace. Se entrega al dolor porque quería ser santa.

Tiempo después comienza a padecer de artritis, pero no cambia su carácter amable y cercano.

Cuando es nombrada superiora de la congregación en Venezuela y también superiora de la comunidad de Caracas no se aleja de las hermanas sino que se hace todavía más cercana y ejemplar: Es ella quien cocina y se dedica a la limpieza. Es estricta observando la pobreza, no permite lujos en el mobiliario ni mucho menos en el vestido ni el calzado. Su alimentación es frugal y no admite que se desperdicie la comida. Ayuda en la costura de los uniformes, pinta y elabora objetos en madera. Serena, generosa y ejemplar es la primera en levantarse, pese a las noches sin dormir. Siempre viaja en autobús, medio de transporte de los pobres, dice. Visita a los enfermos y mensualmente acude a recoger las limosnas que familias cristianas ofrecen a la congregación.

Años después llegan otras responsabilidades: es nombrada provisionalmente Superiora General de las Siervas de Jesús, siendo confirmada en 1969. Más entrega, más sumisión a lo que Dios tiene destinado para ella. Otro severo y grave percance, dura prueba, merma la salud de Madre Carmen. En agosto de 1971, viaja desde Barquisimeto hacia Carora cuando sufre un terrible accidente automovilístico que le ocasiona fracturas en ambas piernas. Serena, ordena que no la lleven a una clínica sino a un hospital, pues una religiosa no procura lujos. Retornan las penas físicas, pero se robustece su alma virtuosa que lo sobrelleva todo con humildad y entrega. Los dolores y adversidades le permiten imitar a Cristo, alcanzar la perfección y ser santa. Quiero ser un Cristo (escribe), en sus manos me entrego… quiero ser santa.

Reelecta en el cargo de Superiora General para un nuevo período de seis años, en 1975, las complicaciones de salud hacen que no pueda continuar al frente. Sin embargo, sus oraciones constantes y prudentes, amables y animosas orientaciones jamás faltan a la comunidad.

1977 es el año de sus bodas de oro como postulante y a la vez el inicio de la etapa final. En abril a sus padecimientos se añaden fiebres, tos, bronquitis casi crónica, hipotensión, malestares estomacales, el ácido úrico muy elevado. Es sometida a diálisis. Su buen humor no decae y solicita que la conforten con la Unción de los Enfermos. Pide perdón a las hermanas y a la comunidad. Bendice a cada una y les da recomendaciones particulares. Lo afronta todo con prudencia, serenidad y paz espiritual. Repite Sagrado corazón de Jesús en vos confío, jaculatoria que la ha acompañado a diario y que ha ofrecido constantemente a Jesús Sacramentado para reparar tantas ofensas cometidas por los pecadores. Llena de fortaleza y de templanza, purifica su edificante vida. Sean fieles, perseveren hasta la muerte, expresa próxima a su fin. Pero también conforta a las hermanas asegurándoles: “no las abandono”. Fallece el 9 de mayo de ese año.

Madre María Carmen vive con entrega y firme en el deseo de hacer confiarse a la voluntad del Padre. Por eso más allá de las adversidades opta con alegría y regocijo por la santidad.

Los católicos de Venezuela estamos de júbilo porque el día 16 de junio será beatificada. Más allá de este extraordinario hecho dispongamos un tiempo para preguntarnos: Conocer la vida de Madre Carmen y admirar cómo vive las virtudes en grado heroico ¿Cambia en algo mi vida? ¿A qué me compromete?

Marielena Mestas

Fuente: Reporte Católico Laico