Los posibles desenlaces- Luis Fuenmayor Toro

Comienzo diciendo que nadie puede atribuirse la propiedad de la verdad de lo que ocurre y, mucho menos, de lo que va a ocurrir en Venezuela. Pero, aunque sólo conocemos el presente y, quienes leen, el pasado, sí podemos plantearnos escenarios sobre lo que pensamos puede ocurrir. Son supuestos que tiene como base lo que ocurre, las fortalezas y debilidades de las fuerzas en pugna, las presiones externas a las mismas, las contradicciones nacionales y mundiales y la experiencia histórica venezolana y extranjera. Estos supuestos son posibilidades, que no indican siempre la probabilidad de su ocurrencia. La gente no debe confundirse entre una posibilidad y su probabilidad de hacerse real. Hay cosas que son posibles pero muy poco probables. Plantearse escenarios no siempre significa estar apoyando la ocurrencia de alguno de ellos, a menos que se diga claramente.

Una posibilidad que aterraba a la mayoría de los venezolanos era que Maduro pudiera continuar desgobernando y destruyendo al país durante seis años más. Pero ese terror no le quitó el carácter de ser posible, como en efecto ocurrió. Como en las sociedades humanas, quien analiza es parte de lo analizado y además es actor capaz de influir en los sucesos que analiza, puede ser víctima de la situación analizada y verse influenciada por ella. Si fuéramos marcianos eso no ocurriría, pues estaríamos fuera de la situación que estudiamos. Nadie está libre de esta subjetividad, aunque aquéllos más afectados material y espiritualmente por la situación tendrán mayores errores en sus aproximaciones. Esto también ocurre en el caso de los fanáticos de una causa cualquiera, que no pueden liberarse de sus prejuicios. Estas conductas les impiden ver claramente lo que deberían hacer.

Las condiciones materiales de vida también influyen importantemente. Quienes tienen recursos más que suficientes, quienes viven bien, quienes han hecho de la crisis su fórmula de vida, quienes tienen un importante acceso a dólares, aunque perciban la crisis y la miseria, no sienten presiones para tratar de salir de la misma; pueden esperar, no la ven tan grave, o incluso no lo desean por serles contraproducente. Ledezma, Borges y otros, con recursos para viajar donde quieran y codearse con los representantes del poder mundial, no tienen además las vivencias de quienes están en el país y les es muy fácil recurrir a la vía de la intervención militar externa, lo que hace de ésta otro posible desenlace, que sin embargo no está en sus manos ni su ocurrencia ni el tipo y momento de la misma.

Un tercer desenlace que se planteaba era la victoria de Henri Falcón, escenario que a muchos nos parecía el mejor para la nación venezolana y para el mundo. Era sin duda mejor que el de la continuidad de Maduro. Sin embargo, aunque salir de Maduro parecía ser prioritario en la política venezolana, no fue lo que en definitiva ocurrió. La mafia que se ha apoderado del país, que lo ha llevado a la crisis actual y que terminará por destruirlo si no es desplazada, no pareció ser lo peor para muchos activistas opositores, razón por la cual decidieron dejarlo permanecer con la esperanza que ocurra una intervención militar extranjera como sus líderes apuntan. Otros se abstuvieron desde la desesperanza de su pobreza y la incredulidad real de poder cambiar las cosas con el voto.

Otro desenlace podría ser el de un golpe de Estado, que parecería estar activamente moviéndose, pero cuyo control depende mucho de las labores de inteligencia del Gobierno, las cuales parecen ser muy eficaces. Pero lo que en este momento luce más probable es que Maduro continúe su mandato, sobre todo si asume cambios políticos y económicos que hasta ahora se ha negado a aceptar, pero que las nuevas realidades lo están obligando a realizar. La altísima abstención producida y la severidad de las medidas contra el país han golpeado al PSUV y al Gobierno, y han hecho que se fortalezcan contradicciones, que estaban presentes, pero que ahora sí son capaces de influir en los acontecimientos.

El nacimiento de una nueva oposición, más racional, con mayor compromiso popular y más venezolana que la hasta ahora existente, puede permitir cambios positivos hasta hace poco impensables, dada la conflictividad y el odio irracional alimentado por la misma. Un escenario nuevo se ha abierto, veremos si somos capaces de enfrentarlo positivamente.