El efecto Penélope y los abstencionistas – Seny Hernández Ledezma

En las actuales circunstancias de Venezuela urge la presencia de ciudadanos comprometidos con el devenir nacional y políticamente activos, que sepan discernir sobre lo que es verdad y las mentiras que se difunden y generalizan, las cuales perjudican notablemente nuestras existencias.

Es muy importante pensar en la reconstrucción de Venezuela en ese minuto del voto el día de las elecciones presidenciales, porque la Patria está llamándonos para que la apoyemos con todas nuestras fuerzas. Es necesario creer que si es posible trasformar al país y que después del 20 de mayo se iniciará una nueva etapa histórica, mucho más digna y justa, para lo cual es fundamental que votemos por Henri Falcón, el candidato de la transformación nacional.

El camino es muy claro se trata de elegir con nuestro voto al gobierno que nos merecemos y que conducirá un proceso de Unidad Nacional tal y como venimos reiterándolo desde hace más de dos años. Además, el momento no se queda solo en el voto. Después la participación debe acompañar al gobierno y hacerse realmente protagónica, como lo establece nuestra Constitución, para exigir los cambios requeridos que suponen mejorar nuestras condiciones de vida y como decía Simón Bolívar podamos construir un gobierno que por sus valores y virtudes democráticas traiga consigo la verdadera felicidad de la República.

Es realmente lamentable que la oposición esté dividida y que muchas veces las reacciones de la misma oposición se dirijan en contra del candidato de la transición nacional Henri Falcón, porque con esto disminuyen las posibilidades de con el esfuerzo de muchas jornadas de trabajo realizadas con fe, con dedicación y con la intención de construir una Venezuela basada en el progreso. Esto ha ocurrido con la figura de Henri Falcón y de su decisión afortunada de convertirse en el próximo Presidente de la República. Los enemigos políticos argumentan razones inválidas cuando rechazan su candidatura al afirmar que Henri Falcón es militar, que milita en las filas del PSUV y que es gran imitador de Chávez. Creo que es importante ser justos y decir que él tiene suficientes méritos personales e identidad propia que lo dignifican como ser humano, como ser autónomo e independiente.

Dentro de la coyuntura electoral actual en nuestro país, la oposición abstencionista ha venido moldeando una suerte de pensamiento único que lamentablemente ha dado como resultado frutos nefastos, porque está focalizado en el determinismo y no en el posibilismo. El determinismo, en este caso, cierra puertas mientras que el posibilismo las abre. Hay una serie de consideraciones adicionales que terminan por consolidar ese pensamiento único y lo presentan como algo inequívoco, como la verdad indubitable. Quienes así dicen pensar, anticipan un fraude electoral y además colocan a todos los candidatos presidenciales como si fueran representantes del oficialismo. Al final, presentan como conclusión que no existen condiciones para votar y que por lo tanto, abstenerse es la solución a la crisis actual. He descubierto que grandes amigos y personas que admiro comparten estos criterios, sin que no duden ni un minuto de la veracidad de estas afirmaciones. No hay diferencias entre ellos y mientras hablo con uno y con otro me repiten lo mismo y cuando les pregunto por qué eso es así, me responden evasivamente. Me atrevo a afirmar que existe un desconcierto generalizado, que obviamente el régimen actual está aprovechando. Hay una suerte de temor colectivo que inhibe otras respuestas mucho más creativas y asertivas que de verdad se responsabilicen con el devenir nacional, Esas personas esperan que llegue la salida de afuera y que los niveles de vida se deterioren más, para que se produzca un estado de conmoción social. Esa es una macabra manera de ver nuestro futuro.

Cuando analizo este pensamiento único y cosificado, observo grandes similitudes con el comportamiento de Penélope, descrito en la letra de la canción de Joan Manuel Serrat. Penélope decidió esperar en su banco de pino verde y abstenerse de introducir nuevos elementos existenciales en su cotidianidad que la hicieran más feliz. Su vida consistía en llegar vestida incluso de la misma forma, con su traje de domingo, a la estación y quedarse esperando que llegara un tren, el cual supuestamente iba a traer al caminante que le prometió volver. Sin embargo, cuando él regresa ella ni siquiera lo reconoce. Su presente continúa repitiéndose en el futuro sin una posibilidad de cambio y como dice la canción: “tristes a fuerza  de esperar”. La espera que no se concreta trae consigo la tristeza. Si lo hubiera reconocido, como ocurrió con la Penélope de la literatura clásica, obviamente su historia habría cambiado en la canción de Serrat, pero lamentablemente no fue así. Ojalá que el 20 de mayo no nos quedemos en el andén esperando un tren que traiga nuestra salvación. La Salvación Nacional es un compromiso de todos y hay que construirla. No se nos olvide.