Los avispados-Andres Maroti

Claro que ideal sería que todos acudiéramos a votar masivamente.

Pero ideal sería que las circunstancias de la nación pudieran llamarse ideales; y  todos estamos de acuerdo en que las actuales están muy alejadas de serlo.

En la situación de hoy día, votar o no  es lo de menos. Es el menor de nuestros problemas.  Ese derecho que tenemos no lo podemos botar con la  ligereza clásica que nos define inclusive en situaciones menos graves que  estas.

Los empecinados actores  en  colaborar con las espurias elecciones convocadas son aquellos que esperan obtener alguna ganancia política  en este  caos  nacional.

El problema de los partiditos y sus seguidores  que están aupando la candidatura “yque” opositora  es que tienen hambre de poder por no haber podido acceder al mismo durante los últimos veinte años. El ayuno ha sido demasiado largo y cuando sacan cuentas caen en cuenta que ellos viven de la política y por tanto requieren de poder o puesticos aunque sean   compartidos  o escasos.   Tienen que arreglar el asunto aun  mintiéndole más a la gente para que vaya a sufragar,  porque si no  favorecen al candidato oficial.

Lo que no comprenden o ignoran intencionalmente  es que nadie en el país, ni pobres  ni  ricos,  quieren  más de lo mismo. Y más de lo mismo es la fórmula representada por el pretendiente a ser opuesto a lo que tenemos y sufrimos.

Los   entusiasmados con la futura  fuente de poder no entienden o no quieren asimilar que  el pueblo está harto de lo mismo o parecido a lo mismo.  Ilusionan a la sociedad   vendiéndoles un cambio pero no dicen que es imposible que lo haya mientras este gobierno y todos sus errores no se erradiquen como sistema. Ofrecen implementar algunos edulcorantes económicos y financieros para dar una imagen atractiva  con  la certeza  que no pueden cumplirlos,   o  no son aplicables en el país.  Y lo más grave es que no están pensando en Venezuela sino en sus propias apetencias y provechos. Cuentan los pollos antes de nacer.

El desengaño será mayor para todos, y  los abstencionistas  restregaran el “te lo dije”  a los sufragistas cuando los  cálculos de estos  den con el  traste por cuenta de los maduristas.

Con tantos problemas que hay las elecciones no pueden ser un fin  ya que primero  es indispensable crear un clima  propicio  para que las ofertas electorales no sean electoreras y la ciudadanía con  tranquilidad de espíritu y con el cuerpo satisfecho pueda escoger y elegir  racionalmente, con discernimiento, con el cerebro, con  la experiencia de lo vivido durante veinte años calamitosos,  y pensando en una futuro promisor para la nación, la población, el  palpable progreso, el prestigio y el potencial que debemos recuperar.

Entre el blanco  del sufragio y el negro de la abstención, entre los que sostienen que las dictaduras no salen con votos y aquellos que creen solo en los comicios para solucionar  las diferencias  existen matices que ayudan  a resolver sin darle la razón completa a ninguna posición irreductible.

No está sobre el tapete quién tiene mejor juicio sino quien es más efectivo en la resolución rápida del asunto de la gobernabilidad y  sus consecuencias inmediatas, y más allá.

En Rusia, China, Cuba, Corea del Norte, Nicaragua y en Venezuela los votos solo sirven para darle mayor auge a los gobiernos que son los que cuentan los votos, depositados o no.

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