El asalto del poder – Carlos Canache Mata

Con el título de este artículo, Raymond Cartier escribió un libro sobre la conquista del poder por Hitler. El jefe nazista juró, el 30 de enero de 1933, como Canciller de Alemania ante el presidente Hindenburg, diez años después del fracaso del ‘putsch’ de la cervecería de Munich. Fue el fin de la República de Weimar, aunque su Constitución no fue formalmente derogada. Poco tiempo después, Hitler concentraría en su persona el poder absoluto.

El chavismo y sus causahabientes se han tomado un tiempo más largo, 19 años, para destruir las instituciones y alcanzar el control total del poder. Han tenido también su ´putsch’ del 4 de febrero de 1992 y su posterior acceso pacífico al gobierno. Lo primero que se hizo fue ponerle la mano al Tribunal Supremo de Justicia y después se ha ido arrasando con otras instancias del Estado. Lo que se ha instalado en el país no es una dictadura convencional, sino una de claro talante totalitario, sin separación de poderes, con impunidad asegurada para sus desafueros y fechorías.

Ejemplo de lo anterior es el hecho de que la justicia venezolana se cruza de brazos ante la ya conocida y ahora renovada denuncia de la participación del gobierno de Maduro en los negocios turbios de la empresa constructora brasileña Odebrecht. La conocida agencia AFP, el día 26 de este mes, reportó desde Sao Paulo que “a cambio de 35 millones dólares para la campaña de 2013, el presidente Maduro daría ‘prioridad’ para que recursos extraordinarios cubriesen las obras de Obredecht” (diario Stadao, 25-03-2018), entre las que se mencionan la ampliación del Metro de Caracas y un teleférico. Mientras aquí en Venezuela no pasa nada, por los escándalos de Odebrecht está enjuiciado el ex-presidente brasileño Lula da Silva, está preso el ex-presidente peruano Ollanta Humala, y tuvo que renunciar el también presidente peruano Pedro Pablo Kuczyinski.

La camarilla civil-militar que se ha adueñado del poder en nuestro país cree que lo ejercerá sin fecha de caducidad. La presidenta de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente declaró el pasado 16 de este mes que “nosotros más nunca entregaremos el poder”. En el marco de ese propósito, ante la necesidad de guardar apariencias democráticas de cara a la comunidad internacional, se ha programado la parodia electoral presidencial del próximo 20 de mayo, en la que no participarán los partidos fundamentales de la oposición, algunos de ellos inhabilitados o ilegalizados. Con toda razón, la ONU ha hecho saber que no enviará una misión de observación a la farsa comicial convocada por los que se autoproclaman protagonistas del llamado “socialismo del siglo XXI”.

Yo jamás he creído que el chavismo sea “socialista”. El propio Chávez declaró: “Yo nunca leí El Capital”, y, a pesar de que él, como sus sucesores, masajeaba crucifijos, añadió: “¿Soy cristiano? No, no conozco la teoría cristiana, ni la practico” (Habla el Comandante, Agustín Blanco Muñoz, página 398).

Aquí, en realidad, sin pujos ideológicos, lo que ha habido y hay es un asalto del poder.