No nos engañemos – Andrés Maroti

Realmente no vale la pena la inversión de tiempo ni el esfuerzo de neuronas para escribir sobre el masoquismo, denominación parca, que disfrutan los opositores turísticos enganchados en la publicidad engañosa de los ofertantes del paquete.

Acerca del tema se han dicho y escrito cualquier número de especulaciones.

El resumen de todo el asunto se ha manifestado en las declaraciones de países aterrizados que desconocerían el resultado de las elecciones presidenciales próximas decretadas por la asamblea cubana. Ese rechazo a priori debería interpretarse como el pregón anticipado de un nuevo fraude a la voluntad del pueblo, y jamás como desprecio a la institución del sufragio y al derecho que tenemos de expresarnos votando.

Al desdén internacional se le debe sumar los altos decibeles de nuestros sacerdotes en contra de esta ignominia circense producida por los rojos intensos del régimen y los débiles rosados en sus distintos matices.

El desencanto en anuncio se observa en la dificultad que tienen los partidos políticos para validarse; culpa aparte de los atropellos inveterados de la secretaría electoral del régimen.

La perla que va a adornar el regreso de los negociadores es la presentación de un eventual acuerdo en el que los venezolanos no ganamos absolutamente nada. O bien, vendrán con las manos vacías, tal y como se sentaron a dialogar.

El único fruto que dará el periplo de los componedores de la oposición será la consigna, por demás sumamente política, de haber dado la pelea aunque no se llegara a nada; logro es darle tiempo al gobierno para montar su templete de iniquidades.

Venir con grandilocuencia vanidosa a ufanarse de sus intentos de doblegar al régimen será el máximo éxito que obtendrán para lavarse la cara. Es posible que muchos soporten las explicaciones que seguramente suavizarán las críticas a la ingenuidad, por calificarlo de alguna manera, pero lo real es que la ciudadanía de a pie seguirá sintiéndose defraudada por la oposición blandengue e incapaz de arrinconar al contendor. La mayoría de venezolanos espera resultados, o al menos directrices que conduzcan a deslastrarnos del flagelo que nos azota sin solución de continuidad.

Sin ser genios todos sabemos sin ápice de duda que no habrá cambios de posición en el régimen, salvo cualquier trampa para que todo quede igual. Para lo único que servirá la ronda de rondas entre gobierno y opuestos es para abrillantar algunos egos, porque cualquier venezolano con cierto grado de instrucción y capacidad de discernimiento debe concluir que la pantomima organizada por el siquiatra del mal no es para favorecernos sino para seguir regalando el país a las potencias extranjeras que nos merodean. Y no son los del Imperio del Norte y sus aliados. Hasta los rusos, que aparte de acreedores no tienen que meter sus narices en esta parte del mundo, han tenido la osadía de manifestar apoyo irrestricto a todas las sinvergüencerías que estos pretenden restregarles a las democracias occidentales. Hay que recordar que en ese país democracia es una palabra obscena.

Iraníes, coreanos, chinos, los secuaces bolivianos y nicas y otros, tampoco se quedan rezagados.

En síntesis: la realidad es que el oficialismo nunca cedería a elecciones con un CNE diferente al actual, por el simple hecho que un nuevo CNE tiene que ser nombrado por la AN única, legal y legítima de acuerdo con la ley, para conformarlo con miembros de los partidos más votados en diciembre de 2015, lo cual le aseguraría al oficialismo, el menos votado, un solo puesto en la Directiva. ¿Pónganse la mano en el corazón y digan si creen que eso último es posible? Los demás puntos que se discuten no son el núcleo de las negociaciones; son solo para consumir más tiempo y perderlo.

La oposición penando y el régimen aquí y allá gozando.