Revientan las Redes: Sebastiana Barráez, las armas de Valentín Santana

“Ya no hay respeto alguno por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, murmura como para sí mismo, un general de la Aviación cuando termina de ver el video en el que aparece Valentín Santana, demostrando su fuerza y su poder. El líder del colectivo La Piedrita del 23 de Enero de Caracas, está escoltado por dos hombres portando armas de guerra.

Esa grabación la hizo uno de sus hombres, sin duda alguna, porque nadie puede estar cerca de Valentín sin autorización, sin ser vigilado u observado. Lo sé por las veces que lo vi y aquella vez en que lo entrevisté, en los primeros días de febrero 2009. Es un líder, no hay duda, lo ha demostrado, por encima de la dirigencia chavista, incluso lo hizo cuando fue capaz de burlar la orden de captura que Hugo Chávez dio en su contra.

Durante los Ejercicios de Acción Defensiva Multidimensional Independencia 2018, que tuvieron lugar en la parroquia 23 de Enero, específicamente en el Área de Defensa Integral “Comandante en Jefe Ezequiel Zamora”, Valentín Santana se exhibe rodeado de nueve hombres, cinco de los cuales están encapuchados y dos portan armas largas. Grita el lema “Chávez vive, la patria sigue” y sus hombres lo corean.

https://twitter.com/OVCSocial/status/967838812662616065/video/1

La alcaldesa de Caracas Ericka Farías se le acerca a saludarlo, lo abraza y le sonríe. Valentín no se mueve. Espera como el rey en el trono. Cuando la alcaldesa se aleja está rodeada de integrantes de La Piedrita, que son los que usan el brazalete tricolor en el brazo, y por Guardia del Pueblo uniformados. Segundos después y en sentido contrario se le acerca el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, a darle su respectivo abrazo y sonrisa.

Y finalmente, frente a Villegas, que está abrazando a Santana, se acerca el Comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral del Distrito Capital (Zodi), General de división Fabio Enrique Zavarse, quien también sonríe, estrecha la mano y abraza a Valentín, mientras expresa en tono de chiste: “le mandas el video a Julio Borges después y… le dices que se lo mandé yo”, dice el alto oficial, como si fuera un agracia. Luego se despide de él con cierta reverencia y volviéndose hacia el líder colectivo: “chao, está pendiente”.

Detrás de la alcaldesa, el militar y el ministro se va un grupo de motorizados. Valentín sigue allí de pié, con el radiotransmisor en la mano y saludando a todos los que se acercan con aires de satisfacción. Él demostró que su poder está por encima de todas esas autoridades que con cargos y soles en los hombros deben rendirle honores.

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Valentín el líder

Es un personaje que vive en su propia ley. Convive entre quienes lo admiran, lo respetan, lo odian y le temen. Confieso que me sorprendió cuando durante aquella famosa entrevista, me confesó con naturalidad, casi con ingenuidad que pasaría por las armas a los enemigos de la revolución y que los ataques contra los medios de comunicación continuarían. “Los vamos a seguir atacando cueste lo que nos cueste. Si conseguimos a Marcel Granier ahí se va a quedar”, aseguró.

Reconoció Valentín que su grupo fue el responsable, entonces, del lanzamiento de bombas lacrimógenas y objetos contundentes contra las sedes de Globovisión, El Nuevo País, Ateneo de Caracas, Copei, la Nunciatura Apostólica y las viviendas de Marcel Granier y Marta Colomina.

En esa entrevista, publicada en dos páginas consecutivas, el 6 de febrero 2009, en el semanario Quinto Día, Valentín dijo que “Si ofenden a la revolución, donde los veamos les vamos a cortar la cabeza y ya lo hemos hecho”. Insisto en preguntarle si eso no es ilegal. “No lo siento así –me respondió luego de un silencio corto-. Esa es gente que trata de quitarme mis sueños, los de mis hijos y los tuyos, los de mi comunidad. Los ilegales son ellos”.

Lo último que le pregunté fue: Si Chávez no estuviera en el poder ¿Qué haría usted? “Me iría a la montaña –contestó- a formar la guerrilla. Chávez tiene que gobernar este país por lo menos durante 30 años”.

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Valentín puede ser un ser extraño, que se mueve en los extremos y lo demuestra cuando le pregunto por el hijo que le mataron y por lo cual responsabilizó a Los Tupamaros, a quienes persigue y logró sacar del 23 de Enero. Le pregunto si la indignación y la rabia lo amargaron. “Amargado no estoy, porque sino no estaría aquí sentado contigo, lo que sí estoy es lleno de odio hacia mis enemigos”.

Esa entrevista trajo como consecuencia que al día siguiente de ser publicada, el 7 de febrero 209, el presidente de la República Hugo Chávez, en un acto con consejos comunales de Petare, confesó haberse comunicado con la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, para pedir acciones contra  Valentín Santana, de quien dijo que “Él dice que si consiguen a determinada persona, con nombre y apellido, lo van a matar. Yo llamé a la Fiscal General para que tomen acciones. Esa persona (Santana) debe ser detenida, porque nadie puede andar amenazando de muerte a nadie, ni tomarse la justicia por su propia mano”.

Según Chávez “nosotros no podemos permitirle a estos grupos fascistas (opositores) quemar el Guaraira Repano, trancar autopistas o quemar chaguaramos, igual no podemos permitir grupos supuestamente revolucionarios con estas actitudes criminales”. Y se atrevió a aseverar: “Yo tengo una firme sospecha de que ellos son agentes contrarrevolucionarios”.

Para mi disgusto el colectivo La Piedrita publicó en su página web un comunicado, que luego borraron y cerraron la página, en el cual decían que a Valentín “públicamente se tildó de delincuente, allanando el camino para que los enemigos del Proceso puedan asesinarlo. Nuestro líder acusa a la periodista del Semanario Quinto Día por emitir esas declaraciones, donde supuestamente Valentín Santana aseguró volarle la cabeza al fascista de Marcel Granier. Eso es parte del expediente mediático para desaparecer a nuestro líder y desmovilizar a la compañera Lina Ron por ser motivadores por el SI a la enmienda constitucional”.

Yo había viajado a Barquisimeto cuando se desató el infierno. Llamé a Lina Ron, quien no me respondía, pero le dije a una de las mujeres de su equipo que si Santana no se retractaba de lo que estaba diciendo en mi contra me vería obligada a publicar la grabación de la entrevista.

Fueron horas interminables de decenas de llamadas y presión. Decidí dar una rueda de prensa en el Colegio de Periodistas de Barquisimeto, donde coloqué el sonido de la entrevista para que a través de los medios se demostrara que dije la verdad y que lo escrito se apegaba exactamente a lo manifestado por el líder de La Piedrita.

Un par de días después fui citada, como autora de la entrevista, a rendir declaraciones ante el ahora Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc) y frente a una decena de fiscales del Ministerio Público por once expedientes que cursaban contra Santana.

Ellos querían saber cosas que desconocía en lo absoluto. Y así se los dije, porque yo no sabía de los muertos, ni de las armas, ni de los financiamientos. Ratifiqué que la entrevista sí se realizó, que fue en la parte más alta del 23 de Enero, que conversé por varias horas con Santana, que sí habían hombres armados y que todo lo demás estaba escrito.

Nada pasó. Nadie cumplió la orden de Chávez. Sospecho que él mismo la echó para atrás. Valentín se atrincheró en el 23 de Enero y permaneció en silencio. Lina Ron me contó después, cuando le reclamé por qué no contesto mis llamadas: “Sentí mucha vergüenza, Sebastiana. ¿Cómo se le ocurre a Valentín negar lo que dijo en la entrevista? No supe darte la cara. Y tampoco sabías cómo se me vino el mundo encima, porque el presidente cree que fue una acción mía. Es que tú no sabes, no, no sabes cómo son esas cosas”.

Chávez murió. Lina también. La fiscal general fue sustituida por Tareck William Saab. Y Valentín ahora es un líder que hace gala de su coherencia con su discurso y con las armas.