¿Acorralados?- Andrés Maroti

En las horas menguadas de los primeros días del año un gesto digno que podrían hacer los políticos negociadores opositores es pararse de la mesa y regresar al país a hacer causa común con el dolor de todos los venezolanos por las atrocidades reiteradas del régimen en su escalada de destrucción y humillación a nuestro gentilicio. Con claridad, sinceridad y honestidad humana; no politiquería electoral habitual.

Para el momento de escribir estas líneas se anunció al estilo bastante ambiguo de la mesa (sic) que no asistirían al último encuentro playero. Aunque es posible que sigan haciéndole el favor al oficialismo hasta que la burla de los izquierdosos mediadores en tándem con sus fichas criollas se canse de marearlos hasta el ridículo.

Devolver la confianza a la población acerca de las actuaciones debería ser prioridad para cualquier líder respetable que valore a su país; no la posibilidad de ir a elecciones para éxito propio y subsistencia de sus partidos políticos.

En dictadura o totalitarismo populista (diputado dixit), no hay sino servilismo.

La masa, poco informada pero no pendeja, rechaza los sofismas, la retórica, la dialéctica, la oratoria y los eufemismos tan utilizados por nuestros dirigentes en estas horas en que se requieren resultados serios y no promesas balsámicas que adormezcan el espíritu de lucha contra el régimen cebado en salir airoso en contra de los venezolanos.

Calificar a esta banda sonora como populistas totalitarios aparte de tímido es bastante condescendiente y adornado. Eso es ganas de confundir o de ser amable con el gobierno para no hacerse muy evidente y evitar la ira persecutoria.

Afirmar que el pueblo no quiere políticos anunciando guerras para que los muertos sean los demás tiene un trasfondo electorero que desvía la atención de otras acciones necesarias y concomitantes para desarrollar el propósito único y fundamental de curar al país de esta epidemia de veinte años que nos ha llevado por una trocha de amargura. A políticos ególatras, personalistas, egoístas, débiles, arribistas y sin vocación de servicio público tampoco los queremos, y se entiende que son una mayoría.

Los impenitentes anclados en sus dogmas y sobre todo en la obsesión de continuar destrozando cual bárbaros todo aquello que huela a algo positivo les queda claro que el fin justifica los medios, y que los medios son todos aquello que logre el fin de arrasar con esta tierra y su gente para convertirla en un zoológico lleno de orangutanes a imagen y semejanza.

La cuestión venezolana la tenemos que componer los venezolanos internamente y por eso es indispensable comprender sin complejos de ninguna especie que somos capaces de hacerlo porque está en juego el horizonte de las siguientes generaciones; pero igualmente es importante asimilar sin conflictos que no podemos desdeñar el soporte y la ayuda de gobiernos europeos y americanos experimentados en tragedias similares que han tenido la percepción correcta en cuanto a las aviesas intenciones que giran alrededor de la nación de gobiernos cirílicos y de lejanos continentes ávidos de expandir sus desquiciados fanatismos doctrinales o religiosos para fines despóticos. De este lado somos más pero del otro aunque muchos menos son inescrupulosos y primitivos.

En este estado de la lid la tolerancia y la laxitud son excesivamente frágiles.