El problema de nuestra forma política – Rafael Tomás Caldera

Invitado a participar en este foro hoy, lo que veo a mi alcance es proponer algunas reflexiones en el trasfondo del problema político, que puedan alimentar las discusiones concretas. Toca a los distinguidos especialistas en Derecho, aquí presentes, abordar los aspectos técnicos de esas cuestiones. El hábito inveterado de alguien que filosofa, en cambio, es tratar de ver lo más inmediato, casi lo obvio, para mostrar su posible influencia en la cuestión bajo estudio. Quisiera, pues, con la venia de ustedes, aportar estas sencillas consideraciones sobre nuestra forma política.

1.Constituirnos.

En 1858, Pedro Gual se refiere a la extinta Gran Colombia que, a su juicio, quedaba no solo como un recuerdo de gloria sino como esperanza para el futuro. No sabe, sin embargo, cuándo se realizaría porque “esto no podrá ser —dice— hasta que Venezuela y las otras secciones de aquella gran República resuelvan el difícil problema de su existencia política, que es de lo que nos ocupamos hace mucho tiempo y a lo que no podemos dar solución satisfactoria. Luego que nos constituyamos, los grandes intereses de este país nos llevarán necesariamente para adelante”.

Subrayemos, junto con la referencia al “difícil problema” de nuestra existencia política, el uso del término ‘constituirse’, que aparece una y otra vez en sus intervenciones en la Convención de Valencia. Debíamos, dirá, constituir nuestro país y de tal manera que pueda incorporarse al movimiento general de la civilización.

Un siglo después, en 1958, a la caída de Pérez Jiménez tuvimos —como es obvio— la necesidad de (re)constituirnos. Se abordó el problema y con la Constitución de 1961 pudimos vivir los años de la República Civil. Acaso un periodo de excepción en nuestra historia como nación independiente.

Sesenta años más tarde, ahora en el 2018, ¿dónde estamos? ¿No tendremos que decir de nuevo, con Pedro Gual, que hemos de constituirnos?

Pienso que, con las palabras mismas de Gual, hemos de distinguir dos problemas, de importancia diferente. Uno, el problema de nuestra existencia política, el problema de constituirnos. Otro, el problema secundario de hacer una (nueva) constitución. No necesito argumentar ante ilustres profesores de Derecho Constitucional la diferencia de planos entre ambos problemas. Constituirse en el primer sentido es encontrar una sociedad la articulación que le permite actuar en la historia. Darse un gobierno y, con ello, integrarse. Hablaríamos así de la constitución real de una sociedad. En el segundo sentido, se trataría de elaborar un texto de constitución que, de alguna manera, sea aceptado como tal. Ese texto será o no reflejo de la constitución real de la sociedad y, aunque debería incidir en ello, puede sin embargo quedar como letra muerta o, mejor, decorativa.

El Foro, al completo, irá apareciendo a través del sitio web (www.rafaelcaldera.com) y en las redes sociales twitter: @rafaelcalderaof; instagram: @rafaelcalderaoficial; facebook: @rafaelcalderaoficial.
En el foro, que coordinó Nelson Chity La Roche, se presentó el libro “Rafael Caldera, jurista integral” de la Editorial Jurídica Venezolana.