“Cada día hay más venezolanos hurgando la basura para comer”

Hambre y escasez son sólo algunos de los dramas venezolanos, según denuncia reiteradamente la Iglesia. El presidente del Episcopado cree que la solución no está en irse del país, pero advierte que el gobierno de Maduro se empeña en mantener pobre al pueblo

 

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

 

Caracas.- La desnutrición infantil se ha acrecentado y muchas de las consecuencias son irreversibles. El riesgo de morir por esta causa apunta no solo a niños sino también “a ancianos y adultos que han bajado de peso por no conseguir los nutrientes necesarios para su sustento”.

Lo afirma el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV), José Luis Azuaje, quien recuerda que la institución social de la Iglesia, Cáritas, realizó en el país un estudio que evidencia una situación “alarmante”: al menos 15 de cada 100 niños de la nación sudamericana se encuentran desnutridos.

“La gente está comiendo lo que encuentra, y lastimosamente observamos cada día un mayor número de personas revisando los botaderos de basura buscando desperdicios para comer. Es una lamentable realidad en un país con tantos recursos naturales. Nuestros párrocos con el trabajo que hacen a través de la pastoral social- Cáritas, corroboran esta situación”, señala Azuaje.

En entrevista a VaticanNews, el prelado califica de “grave y lamentable” el nivel de escasez de medicamentos de todo tipo en que se encuentra la nación. Constata el también obispo de Barinas que los médicos en las consultas le proponen al paciente nombres genéricos para ver cuál de esas medicas logran conseguir.

No obstante, en reiteradas ocasiones la organización no gubernamental Convite ha confirmado a Reporte Católico Laico que desde 2016, en Venezuela la escasez de medicinas en las farmacias es superior al 95%.

Tampoco se encuentran los reactivos para exámenes, y “nuestros centros hospitalarios no tienen insumos”, por lo que los familiares de los pacientes “deben salir a buscar lo que le indiquen”, pero para los pobres “no hay medicamentos”, lamenta Azuaje, quien desde su ordenación sacerdotal ha estado vinculado con la pastoral social de la Iglesia.

“Si llega algún medicamento que es traído a riesgo por algunos farmaceutas, deben venderlos a un precio elevado, debido al costo del producto en el extranjero”, lo que se convierte en una “espiral que atenta contra la vida de los pobres que es la casi totalidad de los venezolanos”. Es un drama, dice el presidente de la CEV, “que clama al cielo, y no se le pode remedio”.

Colas por alimentos

Las colas tampoco desaparecen del espectro de dificultades del venezolano. El flagelo afecta a “personas en edad productiva, en edad de trabajo”, que ven fugarse 6 y hasta más horas “para buscar alimentos o medicamentos o cualquier otro producto”.

Al respecto, el obispo cuestiona: “¿Cuándo se va a desarrollar un país en donde las personas en edad productiva, trabajadores, tienen que estar en la calle buscando que comprar para el sustento de sus familias? Esas horas productivas sencillamente resultan improductivas porque andan buscando cómo llevar algo a su hogar, muchas veces se quedan sin trabajo y otras tantas deambulan de un lado a otro”. La situación, sostiene, “es muy crítica”.

Azuaje también analiza la diáspora venezolana que representa no sólo una fuga de talento y mano de obra calificada del país, sino una verdadera emergencia humanitaria, especialmente en las zonas fronterizas, adonde ha tenido que intervenir incluso la Organización de Naciones Unidas, o que ha generado reacciones gubernamentales sin precedentes, como ocurre en Colombia, Argentina y Brasil.

Otro aspecto que afecta, señala el obispo, es el “resquebrajamiento de la unidad familiar: son millones las personas que han tenido que emigrar a otros lugares buscando aportar algo a sus familias, a sus hijos, a su futuro”.

“Venezuela se envejece”

El resultado de esto, sostiene, “es observar cómo nuestros pueblos se van quedando con gente adulta, cuando Venezuela es un país de jóvenes. Son muchas las consecuencias y la desesperanza que ha generado este proceso de desabastecimiento. Un proceso, si se quiere, que esclaviza a un pueblo y no lo deja pensar, ni darse cuenta de su realidad”.

Se trata de una situación que “genera mucha tristeza: se van personas profesionales, padres y madres de familias, incluso familias enteras, pero principalmente jóvenes. Se nos mete en el alma una sensación de tristeza y desesperanza en el país”.

No obstante, concluye Azuaje: aunque “lamentablemente el gobierno se empeña en mantener (un) sistema económico que ha empobrecido a nuestro pueblo”, los obispos hemos dicho que “ni los aeropuertos ni las fronteras son la solución a esta crisis”.