Venezuela: El Dictador Nicolás Maduro. Un Carnicero – Dominik Pieters

En Venezuela comienza este nuevo año como terminara el anterior: violentamente. Militares leales al presidente Nicolás Maduro atacan a los insurgentes en las colinas que circundan a Caracas, la capital de la República. Los rebeldes son liderados por Oscar Pérez. Si murió durante los prolongados ataques, hasta ahora no se sabe. Han circulado videos que lo muestran ensangrentado, armado y, por ello, probablemente, aún en libertad.

Para el gobierno socialista, Pérez es el Enemigo Público número 1. El ex piloto del cuerpo policial Cicpc se apropió de un helicóptero, desde el cual disparó sobre el Ministerio del Interior y lanzó una granada sobre el Tribunal Supremo de Justicia.

Un espectacular comando de asalto al cielo de un hombre decidido a todo. ¿Un fanático? Posiblemente. Probablemente es lo que se requiere para tener alguna posibilidad de éxito frente Maduro.

Nicolás Maduro se aferra desde el 2013  a su cargo de presidente, que entonces heredara de Hugo Chávez. Desde entonces ha tomado amplias decisiones, de manera dictatorial, dirigidas contra su propio pueblo.

Venganza en lugar de reconciliación

Maduro, de 55 años de edad, pasó de ser un dirigente sindical sin el menor carisma, a convertirse en un carnicero socialista. Dirige su venganza contra su propio pueblo desde el año 2014, reprime brutalmente a la oposición y no quiere ni oír hablar de reconciliación. Ya han muerto más de cien manifestantes en violentas protestas, que siempre culminan en detenciones y torturas.

La que fuera una democracia de uno de los países más importantes de la región se ha convertido con los años en una feroz dictadura. Las Naciones Unidas advirtieron en Septiembre pasado que cabría la sospecha de que los militares y paramilitares leales al régimen habrían causado innumerables violaciones a los derechos humanos. Hasta hoy no ha sido posible llevar a cabo una investigación.

Infierno en lugar del paraíso

El país latinoamericano dispone de las más cuantiosas reservas petrolíferas del mundo. La gasolina, de un extremo al otro del país, es mucho más barata que el agua. Es un país que dispone de condiciones paradisíacas si contara con una clase política dispuesta a permitirlo. No obstante lo cual, para muchísimos de sus habitantes, el país se ha convertido en un infierno.

Debido a la desastrosa gestión económica del gobierno Maduro, y la desbordada corrupción de todos estos años, Venezuela se ha convertido en la casa más pobre de la región. La hiper inflación alcanzó a fines del 2017 más de un 1000% (2.640% según cifras de la Asamblea Nacional), la más alta a nivel mundial. El salario mínimo apenas alcanza a unos pocos euros (1 euro, en la actualidad). Mucho más de la mitad de los venezolanos vive en condiciones muy por debajo del límite de la pobreza. El país no puede importar comestibles ni medicinas por falta de divisas. Para las fiestas de navidad faltó en muchos hogares el tradición cochino navideño. Maduro, el autócrata, culpó de ello al “sabotaje internacional”. A comienzos de año se produjeron en muchos estados del interior del país masivos saqueos a supermercados. Los venezolanos estaban hartos de las colas. El ejército debió intervenir para proteger los supermercados.

El gobierno, apoyado por Rusia, China y Cuba, intenta paliar la grave situación con subvenciones de ayuda para la adquisición de comestibles, pero sólo los obtendrían quienes estén dispuesto a declarar y firmar por escrito su apoyo a Maduro.

También es catastrófica la situación respecto del abastecimiento de medicinas. Los hospitales venezolanos se han convertido entre tanto en miserables lazaretos. Maduro conduce al matadero a los venezolanos no sólo cuando ordena dispararles, sino de facto, cuando los lleva a la muerte por falta de medicinas o por hambre. Cientos de niños, según el New York Times, ya han muerto de desnutrición.

Asamblea comunal en lugar de parlamento

Para aminorar la catástrofe, el gigantón de 1.90 cms. acaba de declarar que hará uso de cinco mil quinientos millones de dólares para introducir su propia criptomoneda, que ha llamada Petro. Espera con ella mejorar su acceso a dinero fresco y evadir, de ese modo, la sanciones de los Estados Unidos, que han prohibido negociar con fondos de deudas del Estado venezolano. La fortuna privada del dictador, que se encuentra a resguardo en bancos de los Estados Unidos, como las de sus innumerables generales, han sido congeladas. Razón para la medida retaliativa: el Parlamento dominado por la oposición fue desposeída de Poder y suplantada por una sedicente Asamblea Nacional Constituyente, en manos de los seguidores de Maduro.

Prisión en vez de libertad

Maduro ha encarcelado a muchos opositores, mientras ha propiciado el enfrentamiento de unos contra otros de los que permanecen en libertad. Presume podérselas ver con todos ellos, incluso con la poderosa iglesia católica latinoamericana, que esta semana recibe la visita del papa en Chile y en Perú. Este lunes atacó fieramente a dos arzobispos y le ordenó a su justicia iniciara procedimientos judiciales en su contra. Según Maduro, habrían propiciado el odio. En realidad, uno de ellos simplemente pidió durante una misa que se orara para liberar al país “de la plaga de la corrupción”.

El obispo no se encontraba solo. En razón del catastrófico desabastecimiento y la incesante represión, dos millones de venezolanos huyeron de su país durante los últimos dos años. Medio millón de ellos a Colombia a través de sus pasos limítrofes. También huyó al país vecino la cesanteada Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz.

Maduro se mantiene en el poder única y exclusivamente por el sostén que le brinda el ejército. No se sabe por cuánto tiempo más. Por una parte, las mafias habrían socavado el aparato militar y mantendrían el control sobre muchas regiones del país, entre las cuales las zonas fronterizas con Colombia. Por otra parte, no pocos militares estarían dudando de las órdenes que reciben desde hace algunos meses.

Victoria en vez de derrota

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, OVCS, una organización de la sociedad civil cercana a la oposición, durante el año recién pasado se habrían realizado en el país 9787 manifestaciones contra el gobierno. Vale decir, 27 protestas por día. Muchas de ellas sangrientas.

Las perspectivas por este año no parecen mejores. En los últimos dieciséis días, se habrían efectuado 386 manifestaciones, con un saldo de cinco víctimas fatales. Es el sangriento balance de las protestas contra Maduro del año 2018, que recién comienza.

Maduro se dispone a mantener con brutal dureza el curso del experimento socialista iniciado en 1999. La Constitución le ordena efectuar elecciones presidenciales este mismo año. Su meta es clara. Evitar una derrota, ganar en las urnas y seducir a sus viejos electores con la vieja proclama: venceremos.

Originalmente publicada en Der Spiegel el 17/01/18

Texto traducido por La Cabilla

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