Año caliente – Julio Portillo

La olla está hirviendo. Muy temprano han comenzado las protestas contra la dictadura. De punta a punta, desde Caicara del Orinoco en el Estado Bolívar a Los Puertos de Altagracia en el Zulia. Saqueos en supermercados, militarización de los abastos en Caracas, gritos de los obreros petroleros “mis hijos tienen hambre”, anuncio de huelga de los educadores. La Iglesia exigiendo sinceridad y los sacerdotes en los pueblos apoyando la resistencia.

La frase del dictador “estamos jodidos, pero felices”, reconoce la difícil situación, pero igualmente enmascara la realidad. Despensas y neveras de los venezolanos cada vez más vacías. El brutal aumento de los precios estimula en la calle los atracos, robos en los negocios de alimentos, asalto en los caminos a los transportes con comida.

El año 2016 terminó con una Venezuela hazme reír en el mundo. Maduro acusando a Portugal y Colombia de ser los culpables de no poder regalar perniles a una población sin platos navideños. Pronto se descubrió que el gobierno no había pagado deudas por similares conceptos desde diciembre del 2015. La mentira oficial como siempre tiene patas cortas.

Lorenzo Mendoza impedido de viajar a Ecuador desde Barquisimeto denunció la decisión del gobierno de quebrar la industria nacional.  Las cajitas de hambre llamadas CLAP son un negocio que tiene dueño conocido.

El dictador tuvo el descaro de calificar el 2016 como año internacional de éxitos para Venezuela, porque él preside los No Alineados, porque visitó Rusia, Bielorrusia, Irán, Cuba y fue aplaudido en el Alba. Un mundito. No habló de las descalificaciones y cuestionamientos a su gobierno desde la ONU, OEA,  Unión Europea, Mercosur, el Vaticano, la OPEP, y países como Chile, Colombia, Brasil, España, Canadá, Argentina, Paraguay, Panamá, Costa Rica, Honduras, Francia, las Islas Neerlandesas en el Caribe, México, Estados Unidos y Guyana.

Tampoco se refirió al fracaso del llamado diálogo en República Dominicana, donde mientras en la mesa de negociaciones se intentaban crear condiciones para remediar algunos problemas graves, él mismo y el Capitán Cabello insultaban a la oposición,  disolvían partidos políticos y por medio de un descarado fraude imponían Alcaldes y Gobernadores. Para los que concurrieron a Quisqueya quedará bien claro que el gobierno solo busca ganar tiempo con sus mesas irrespetuosas donde oyen pero no escuchan. Es lamentable y hay que apuntarlo así, que las buenas intenciones del Presidente Danilo Medina se hayan visto burladas por un régimen al que cada día le señalan más personeros involucrados en negocios ilícitos, para calificar esto con palabras suaves, pero que los lectores y gobiernos saben de qué cambalaches se tratan.

Cada vez más cuesta arriba el gobierno no puede apagar las candelitas que se le están prendiendo. Pero como dice André Maurois “Nada más triste que el espectáculo de un país que por temor soporta un gobierno detestado”. Pero todo tiene un límite, veremos hasta cuándo.

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