La quema del año viejo: Así despiden el 2017 en los andes venezolanos

AVN

Cada 31 de diciembre los abrazos y buenos deseos se multiplican en calles y plazas de los poblados de la región andina venezolana, donde los muñecos de trapo y palo, llamados “año viejo”, se queman para despedir los meses culminantes y festejar la llegada del nuevo año.

Esta tradición supone la colecta grupal para comprar petardos y elaborar la representación con toques de creatividad y variedad, según calles y pueblos, donde los vecinos juegan implícitamente a realizar la más vistosa quema.

Días previos al 31 de diciembre se aprecia en las calles los muñecos o “años viejos” exhibidos, en puntos donde los muchachos de la cuadra, piden a transeúntes y conductores “colabore con el año viejo”.

Así van colectando el dinero para los petardos y fuegos artificiales, que sellarán con estruendo y luces el final del año culminante.

Al caer la tarde la celebración va tomando forma. En cada hogar el compartir de las familias alterna con el saludo a los amigos venidos de otros estados y pueblos, un reencuentro para viejos amigos de la escuela o entrañables compañeros de faenas.

A la cena familiar y al conteo de los últimos minutos del año, siguen los abrazos y expresiones de “feliz año nuevo”, que desde cada casa se multiplican por las calles y plazas, espacios donde el esplendor de la fiesta se muestra a viva luz con la quema de cada “año viejo”.

El cielo se ilumina de artificios como estrellas fugaces y las altas detonaciones hacen fondo a la música tradicional y festiva, que ameniza la celebración en su punto álgido de emotividad y alegría.

El festejo se extiende por las serranías en contexto de particularidades de cada pueblo, pero en todos los casos subyace el cálido compartir entre familiares y amigos, la nostalgia por los ausentes y la esperanza en el porvenir de las nuevas generaciones.

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