Cardenal Urosa llama a trabajar por el fin de la crisis en Venezuela

El Arzobispo de Caracas (Venezuela), Cardenal Jorge Urosa Savino, exhortó a todos los sectores, principalmente el gobierno, a trabajar para poner fin a la crisis “que está causando dolor, tragedia y muerte, especialmente entre los más débiles, como son los niños de los pobres”.

Durante la Misa de Noche Buena, el Arzobispo recordó que “todos los católicos estamos llamados a trabajar por la paz, mediante el cumplimiento de los diez mandamientos de la Ley de Dios”, es decir, volcándose “con fuerza hacia nuestros hermanos, para ayudarlos, para comunicarles el amor de Dios de forma concreta”.

“Este llamado –afirmó– es muy urgente y muy evidente hoy, cuando Venezuela vive una situación inédita de escasez de alimentos y medicinas, de repuestos y de cosas fundamentales para la vida social, como, por ejemplo la gasolina, algo increíble en un país petrolero”.

“Por supuesto: la mayor obligación recae sobre las autoridades, que tienen la obligación constitucional de proteger al pueblo, especialmente a los más débiles, y de garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la comida, a la salud, al transporte, a la libertad, a la información, en fin, todos  los derechos humanos. Y es preciso exigirles que cumplan esa obligación”, indicó.

“Pero también los líderes de los diversos sectores de la sociedad tienen obligación de trabajar por la paz y abrir sus corazones a los necesitados y resolver los problemas que nos agobian: los intelectuales, los académicos, los universitarios, los dueños y profesionales  de  los medios de comunicación social, los artistas, y sin duda la Fuerza Armada Nacional”.

El Cardenal Urosa señaló que “todos los sectores debemos trabajar para solucionar esta terrible situación que está causando dolor, tragedia y muerte, especialmente entre los más débiles, como son los niños de los pobres”.

En ese sentido, invitó a colaborar con Cáritas para ayudar “a nuestros hermanos más pobres”. “Hemos de fortalecer en Caracas y en toda Venezuela iniciativas como la Olla comunitaria o solidaria. Y apoyar el esfuerzo que se está haciendo por parte de la Iglesia, a través de las Parroquias, de Caritas de Caracas y de Venezuela”, afirmó.

CARACAS, 25 Dic. 17 / 09:51 am (ACI)

A continuación, el texto completo de la homilía:

NAVIDAD: GLORIFICAR A DIOS

Y TRABAJAR POR LA PAZ

Homilía en la Misa de Noche buena, Catedral de Caracas, 24 de diciembre de 2017

+Jorge L. Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” Lc 2, 14

Movidos por nuestra fe, nos hemos congregado en esta noche santa de Navidad, queridos hermanos, para festejar  la extraordinaria manifestación de la inmensa misericordia de Dios a la humanidad: nuestro amoroso  Padre celestial nos ha enviado a su Hijo único, Dios de Dios luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, para que, hecho hombre, glorificara a Dios en el Cielo y trajera paz  a la humanidad en la tierra.

QUÉ ES LA NAVIDAD

El cántico de los ángeles en el cielo nos indica en pocas palabras el sentido del nacimiento de Jesús, el significado de esta fiesta de la Navidad. No se trata de un carnaval, no es una celebración hueca y sin sentido. Se trata de conmemorar y luego festejar, en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en la Iglesia extendida por todo el universo, la inmensidad del amor de Dios, que tanto ha amado a la humanidad que nos ha enviado a su Hijo único, para que todos los que creamos en El tengamos vida eterna  (Cfr. Jn 3, 16).

De manera que el primer elemento o efecto  de la Navidad es la manifestación de Dios al mundo. En  la carne humilde y tierna del niño de Belén, el Dios infinito y todo poderoso, el creador del Universo, el supremo arquitecto, el dueño de cielo y tierra, se nos revela a los hombres que vivimos en las tinieblas del mundo, agobiados y perturbados y confundidos por las cosas de este mundo , para que lo conozcamos, para que, como dijo más tarde el mismo Jesús, los que lo sigamos no caminemos en tinieblas, sino que tengamos la luz de la vida ( Cf. Jn 8, 12).

La Navidad es la revelación de la grandeza de Dios, de su misericordia, su amor y su voluntad, que es la salvación del mundo entero, de toda la humanidad, de todos los que vivimos “en tinieblas y sombras  de muerte” (Lc 1, 79). En este mundo secularizado, que rechaza a Dios, que lo quiere sacar de la vida humana, que quiere prescindir de Dios en la vida económica, en la política, en la vida familiar y conyugal, que promueve la anticultura de la muerte con el aborto y la eutanasia,  la Navidad proclama la existencia de un Dios amoroso, el Dios de la vida, el Dios de la felicidad,  que santifica la familia, que exalta la vida de los más humildes y pobres, como el niño de Belén.

Por eso, como he dicho en mi Mensaje de Adviento y Navidad para este año, la Navidad es una fiesta religiosa: festejamos a Dios que se hace hombre, y acogemos su invitación a unirnos a El por la fe. Eso es la Navidad. Los regalos, las comidas, las fiestas, son secundarias.

LIBRES DEL HORROR DE LAS TINIEBLAS DE LA MUERTE Y DEL MAL

Y nosotros, los católicos, y especialmente los seminaristas, los religiosos y las religiosos, los ministros el altar, henos de meditar en este aspecto religioso, de revelación de Dios, de lo sobrenatural, de lo divino, para tener el entusiasmo y la fuerza de comunicar esa realidad a nuestros hermanos. No nos dejemos  desviar del sentido más profundo de la Navidad: es la manifestación de Dios, es el inicio de la revelación de Jesús, la luz del mundo, el Salvador.

Precisamente el mensaje del ángel a los pastores nos insiste en eso: No hemos de tener miedo en ninguna circunstancia, pues nos ha nacido un salvador.  Y hemos de preguntarnos: De qué nos salva el Hijo eterno e Dios hecho hombre?

Nos salva de la fuerza terrible del pecado y del demonio, nos salva de la maldad, de la confusión, de la tristeza y oscuridad de la falta de fe, del horror del odio y de la crueldad,  del envilecimiento de la humanidad en la idolatría del dinero, del horror de la guerra, de la destrucción de la juventud por la droga, de la impiedad y de la  indiferencia religiosa, de las pasiones desenfrenadas,  de la lujuria, en fin de todo lo que conduce al dolor, a la  muerte, y  a la destrucción  de la humanidad.

Por esa razones, porque nos ha nacido el Salvador, porque nosotros, los que aquí estamos, junto con los más de  mil trescientos millones de católicos en el mundo, sabemos que Dios está con nosotros y nos ama para salvarnos del horror del mal y para  llenarnos de vida y felicidad por toda la eternidad, demos gracias a Dios!!!  ¡ Gracias, Señor, gracias!

PAZ EN LA TIERRA

La Navidad hace que nos sintamos  amados por Dios. Y al mismo tiempo nos recuerda que estamos llamados a amarlo y  amar a nuestro prójimo. El Cántico del coro angelical luego de decir “GLORIA A DIOS EN EL CIELO”, dice “Y PAZ EN LA TIERRA! La Navidad manifiesta el amor de Dios a la humanidad y el objetivo de ese amor, que es  llevar paz a todos los hombres y mujeres del mundo.

Por eso la Navidad es, como lo han afirmado los evangelistas y los Padres de la Iglesia un llamado insistente y apremiante al amor fraterno. San Juan Evangelista nos dice claramente que el que dice que ama a Dios, a quien no ve, y no ama a su prójimo,  a quien sí ve, es un mentiroso! Cfr. 1 Jn 4, 20)

Nosotros estamos llamados por el Señor  comunicar paz, a llevar paz, a eliminar la tristeza y el dolor, el conflicto y el odio, el egoísmo y la indiferencia, la crueldad y la guerra, la injusticia y la opresión. Por eso la Navidad  debe impulsarnos a todos, cada uno de nosotros según nuestra condición. A querer amar a nuestros hermanos y a trabajar por un mundo mejor, a promover la convivencia social, a trabajar por la paz.

Este llamado, mis queridos hermanos, se dirige por supuesto a nosotros, los ministros del altar, los consagrados al Señor, los seminaristas, que hemos sido invitados a consagrar nuestras vidas al  Señor para glorificar a Dios y para trabajar por la paz. Y es muy importante que así lo sintamos, al acoger en nuestros corazones nuestra sublime vocación sacerdotal.

TODO OBLIGADOS A TRABAJAR POR LA PAZ

Pero no solamente los consagrados al Señor: todos los católicos estamos llamados a trabajar por la paz, mediante el cumplimiento de los diez mandamientos de la Ley de Dios

 Los cristianos nos llenamos de alegría y entusiasmo en esta celebración, en esta temporada litúrgica, para volcarnos con fuerza hacia nuestros hermanos, para ayudarlos, para comunicarles el amor de Dios de forma concreta. Este llamado es  muy urgente y muy evidente hoy, cuando Venezuela vive una situación inédita de escasez de alimentos y medicinas, de repuestos y de cosas fundamentales para la vida social, como, por ejemplo la gasolina, algo increíble en un país petrolero… Nosotros debemos abrir nuestros corazones a nuestros hermanos más necesitados, y compartir con ellos nuestros bienes, y ayudar a resolver la situación que estamos viviendo. Por supuesto: la mayor obligación recae sobre las autoridades, que tienen la obligación constitucional de proteger al pueblo, especialmente a los más débiles, y de garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la comida, a la salud, al transporte, a la libertad, a la información, en fin,  todos  los derechos humanos. Y es preciso exigirles que cumplan esa obligación. Pero también los líderes de los diversos sectores de la sociedad tienen obligación de trabajar por la paz y abrir sus corazones a los necesitados y resolver los problemas que nos agobian: los intelectuales, los académicos, los universitarios, los dueños y profesionales  de  los medios de comunicación social, los artistas, y sin duda la Fuerza Armada Nacional… Todos los sectores debemos trabajar para solucionar esta terrible situación que está causando dolor, tragedia y muerte, especialmente entre los más débiles, como son los niños de los pobres.

Y cada uno de nosotros, queridos hermanos, desde nuestra situación personal, hemos de ayudar a solucionar esta situación, especialmente ayudando a nuestros hermanos más pobres. En ese sentido hemos e fortalecer en Caracas y en toda Venezuela iniciativas como la Olla comunitaria o solidaria. Y apoyar el esfuerzo que se está haciendo por parte de la Iglesia, a través de las Parroquias, de Caritas de Caracas y de Venezuela.

CONCLUSIÓN

“ Gloria a Dios en el Cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor!”

Con la alegría que suscita en nuestros corazones el canto de los ángeles, con la ayudad de Dios y de la Stma. Virgen María, vamos a glorificar a Dios en nuestras vidas, hermanos. Cumpliendo sus mandamientos, siguiendo a Jesús, viviendo de acuerdo a su palabra, que es palabra de vida eterna.

Los invito a  acercarse a los santos sacramentos en estos días festivos. Para tener fuerza para cumplir la palabra de Dios, y trabajar por la paz. Vivamos con el corazón abierto a los demás, ayudando a los más pobres. Y recemos con intensidad al Señor para que los venezolanos podamos resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Amén.

¡VIVA JESUCRISTO, NUESTRO SALVADOR!

¡VIVA LA VIRGEN MARIA!

¡VIVA LA IGLESIA!

¡VIVA EL PAPA!