“¡El Negro lo que quiere es votos!”: Mensaje de Claudio Fermín a los abstencionistas

 

MENSAJE DE CLAUDIO FERMÍN A LOS ABSTENCIONISTAS: Los abusos electorales del gobierno son muchos

Convocan elecciones cuando quieren, es decir, las difieren, las suspenden, las niegan. Una reivindicación como el voto asistido la han convertido en un arma de vigilancia para el voto obligado por el gobierno. Cierran el Registro Electoral cuando quieren. Cambian a su antojo centros de votación. Cédulan extranjeros y muertos siguen en el registro electoral. Cuatro dirigentes del PSUV fingen no serlo y conducen el CNE. En fin, los momentos y espacios electorales son una evidencia más del autoritarismo y la arbitrariedad que rigen en el país. Ante eso, con sobradas razones buena parte del electorado ha protestado una y otra vez.

Se multiplican los reclamos para que tales irregularidades cesen y ha crecido el clima de protesta contra los atropellos oficialistas. No pudiendo hacer mella al impenetrable abuso de poder algunos sectores han renunciado al voto como protesta mayor contra el gobierno, como si así le quitaran algo de poder, sin darse cuenta de que con ello conceden al PSUV justamente lo que se proponía al dificultar elecciones limpias: disminuir los votos que pueden sacarlos del poder. Es una lógica sencilla pero diabólica: enfurecer de tal manera a los descontentos con las desventajas y humillaciones a las que son sometidos para que la ira los haga desistir de su empeño de votar. Resultado final: no votan y gana el gobierno. Así ha sido recientemente.

En los últimos procesos electorales el chavismo se ha estancado por debajo de los 6 millones de votos. Eso incluye a quienes lo hacen bajo la coerción de las cajas Clap y la amenaza de despidos y agresiones varias. Queda entonces demostrado que con todo y ventajismo el chavismo es minoría: no llegan a 6 millones del total de 19 millones de inscritos en el registro electoral. Pero esa inmensa masa de votantes descontentos y resueltos a no votar por el chavismo, unas 13 millones de personas, se han dividido entre quienes votan y quienes se abstienen bajo el argumento de que eso es lo que va a demoler al régimen. Hasta ahora lo que ha quedado demostrado es que abstenerse no le hace ni un rasguño a quienes detentan el poder. Esa es la historia. Esa es la verdad.

Promover la abstención es una acción ruidosa en su argumentación, impactante, porque se reviste de irreverencia y se distancia del sistema electoral bajo el argumento de no ser “cómplice” de un abuso de poder. Es una retórica eficiente en la agitación porque exacerba los ánimos y fortalece razones para oponerse al desgobierno. Mantiene viva la llama de la animadversión. Pero es una acción política completamente inofensiva, inocua. No permite avanzar ni un centímetro en el camino de desplazar y salir del actual gobierno. Por lo contrario, los fortalece y atornilla en el poder al dejar a los ciudadanos sin la única herramienta real que tienen en sus manos: el voto. Revalorizar el voto es hoy una necesidad. Es un pre-requisito para salir del gobierno.

Hay que emprender una campaña para demostrar la ineficiencia de la abstención. Sólo le sirve al gobierno, aunque su motivación esté inspirada en la más resuelta oposición al chavismo. Es, además, una cínica profecía autocumplida. Después de intensas campañas por la abstención sus promotores señalan con dedo acusador a los participantes y les espetan: “se lo dijimos, la gente no quiere votar”. Un acto vanidoso de auto destrucción. Sabían el daño que causarían pero querían ser los actores que definieran el resultado. Y lo han logrado porque una minoría que no llega a 6 millones se ha impuesto sobre los otros 13 millones de electores registrados. Cualquiera podría entonces esgrimir que los promotores de la abstención son los grandes líderes de la oposición porque convocan más gente y no es así. No han demostrado capacidad de convocatoria. Nada están proponiendo. A nadie están postulando y respaldando con sus votos. No hay contabilidad electoral que demuestre los votos que suman. Lo que sí tienen es capacidad de perturbación, capacidad para confundir, fuerza para sacar de sus cabales a un país harto de los abusos del gobierno. Pero esa capacidad de perturbación que hace que quienes poco convocan irriten a millones, en la práctica nada le quita a quienes están en el poder, en nada los disminuye. ¿Tendrán la humildad y racionalidad para entender esto? ¿O preferirán seguir jugando a ser la “verdadera” oposición en comparación con aquellos a quienes acusan de ambiguos por no plegarse a su ceguera? El memorial de agravios contra el gobierno madurista es interminable.

Aumentar el volumen de nuestras protestas y mantener las denuncias sobre la destrucción del país es algo a lo que no podemos renunciar. Es parte de la siembra de conciencia. La crítica, la denuncia y la protesta son la expresión viva de nuestras razones para luchar por el cambio en Venezuela, pero renunciar al voto no es una protesta eficiente, es una auto flagelación. Es quedarnos sin nada. ¿O es que los promotores de la abstención van a seguir navegando en la azarosa frase “aquí tiene que pasar algo”? ¿Qué es ese “algo” que va a pasar? Palabras sobre palabras, tinta sobre papel, nada. La agitación sin domicilio es la nada. Apártense entonces. Permitan que el descontento se personifique en votos, en fuerza política real, de carne y hueso, para que Venezuela pueda pacíficamente reconstruirse y salir de esta pesadilla. No sigan jugando a ser la “oposición digna” con el argumento de que quienes votan están vendidos o son estúpidos. Por más protestas, marchas, denuncias y luchas con coraje que se emprendan, si ello no se traduce en una contabilidad (votos) que sobrepase el ventajismo chavista entonces no habrá cambio. No sigan creando la fantasía de depender de terceros: una invasión de los marcianos o un levantamiento de los boy scouts en Guasipati. Basta de ciencia ficción. La política debe enseriarse y eso pasa por decir la verdad aunque haya otras maneras más astutas de redimensionar imágenes de políticos, como la de exacerbar los ánimos para que odien al “enemigo”. Algo así como la receta Chávez.

No hay tiempo que perder. Vamos a unir esfuerzos. Vamos a construir un programa viable y compartido. Vamos a buscar voluntades y talentos. Vamos a preparar a los votantes para estar conscientes del desafío. Vamos a buscar un candidato unitario. Vamos a ganarle a este desgobierno con su propio CNE. ¿O es qué hay otro? Vamos a poner los pies sobre la tierra y a avanzar y ganar.