La leyenda navideña del crisantemo

Una de esas historias populares que, desde la Edad Media, confortan el corazón.

Compartimos este relato popular navideño mencionado por el autor Malba Tahan en su compilación “Leyendas del Cielo y de la Tierra”:

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La Leyenda del Crisantemo

Vivía en la Selva Negra un campesino llamado Hermann. En la víspera de Navidad, cuando volvía despreocupado para casa, encontró, tendido en la nieve, a un pobre niño que estaba a punto de morir.

Afligido con la triste situación del niño, lo tomó en brazos y lo llevó a su modesta cabaña. La mujer del campesino y sus hijos tuvieron, también, mucha pena del infeliz y compartieron con él alegremente la humilde cena que habían preparado.

El pequeño, que la bondad de esa gente lo había confortado, pasó la noche en la paupérrima cabaña y, a la mañana siguiente, sin que nadie lo notara, desapareció.

Días después, al entrar en una iglesia, al campesino le llamó la atención una estampita en la que aparecía el Niño Jesús: miró, con asombro, la semejanza entre el Salvador y el pobrecito a quien él atendió la noche de Navidad.

No cabía duda: el pequeñito que fue socorrido y abrigado en la pobre casita del leñador era el Niño Jesús.

Impresionado con el descubrimiento, decidió ir nuevamente al lugar donde había encontrado al Niño Jesús y se dio cuenta que habían milagrosamente nacido, en medio de la nieve, varias flores de extraordinaria belleza. Agarró cinco de las flores y se las llevó a su mujer.

Esa flor fue llamada crisantemo: del griego chrysós, “oro”, o Christós, “Cristo”, y ánthemon, “flor”. Es decir: flores de Cristo o flores de oro (esta última es la traducción etimológicamente reconocida; la otra es una versión popular).

 Aleteia | Dic 21, 2017

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