Todd Robinson no viene a “jugar carritos” en Venezuela, lean su perfil

Pedro García Otero / 6 dic. 2017

Todd Robinson, el designado por Estados Unidos para ocupar el puesto de Encargado de Negocios en Venezuela dará de qué hablar, si se juzgan sus antecedentes en Guatemala, donde fue embajador durante tres años (septiembre de 2014 – septiembre de 2017), y tuvo una influencia decisiva en la destitución de Otto Pérez Molina, en 2016, y en todo el proceso posterior de intento de reformas constitucionales, lo que le granjeó las antipatías, por igual, de la izquierda y la derecha en ese país suramericano.

Al ocupar en Venezuela el cargo de Encargado de Negocios y no de embajador (hace una década que EEUU no tiene embajador en Venezuela, y viceversa), el Gobierno de Donald Trump no requiere de placet de su par venezolano; “envían a un funcionario con rango de embajador y mucha experiencia a un cargo de encargado de Negocios”, señaló una fuente de la Cancillería venezolana cuyo nombre se mantiene en anonimato, explicando la importancia de su misión.

Dependerá del Gobierno de Nicolás Maduro otorgarle el visado para que ejerza sus funciones, lo cual, seguramente, quedará supeditado a un alivio de las sanciones contra los funcionarios venezolanos en EEUU, “que habrá que ver si el Gobierno de EEUU está dispuesto a dar”, señaló la fuente.

La palabra que más usaron los medios guatemaltecos para definirlo durante sus tres años de gestión en ese país fue “polémico”, y un titular dado por él mismo llegó a decir: “Yo no mando en Guatemala”.

Por su parte, dos profesionales guatemaltecos (un economista y un periodista, ambos de alto nivel) consultados por Noticiero Digital sobre el rol que cumplió Robinson en ese país, señalan que su estilo es confrontador y altamente comprometido con la situación del país en el que se encuentra; que está alineado “completamente” con la estrategia del Departamento de Estado de su país, y que tiene un estilo agresivo de defensa de los derechos humanos, y particularmente, de combate a la corrupción; que prioriza “interlocutores no tradicionales” y que, si en Venezuela asume los modos que tuvo en su país, muy pronto tendrá problemas con el Gobierno de Nicolás Maduro.

“VENEZOLANOS: el embajador gringo socialista que teníamos en Guatemala, va para allá. Asegúrense que haga colas donde mueren ancianos y le falten medicinas, comida y papel higiénico como a todos uds. A ver si aguanta vivir en lo que tanto predica”, señalaba hoy en Twitter Gloria Álvarez, guatemalteca, “gurú” del liberalismo centroamericano, y conferencista en todo el continente.

Obviamente, Álvarez no pertenece al club de fans de Robinson. Y, por ejemplo, llamar “idiotas” a varios diputados guatemaltecos no es una actitud, para nada, diplomática.

Pero Robinson llega a Venezuela no solo con un gran prestigio en el Departamento de Estado de EEUU, hombre de confianza de Barack Obama y ahora de Donald Trump, sino con el respaldo de William Brownfield, uno de los últimos embajadores que tuvo EEUU en Venezuela, embajador en Colombia, y ahora subsecretario de Estado para asuntos de Narcotráfico (de quien, se dice, Robinson es protegido).

Una gestión por radar

“Hay que entender que Guatemala es un país muy polarizado y los eventos de 2015, cuando cae el Gobierno de Otto Pérez, permiten que lo más radical de ambos extremos tome un papel protagónico. De ese modo, grupos liberales vieron en Robinson una persona que simpatizaba mucho con los grupos tradicionales de izquierda, indigenismo y agenda social proderechos homosexuales, proaborto, y cuestiones de ese tipo, lo cual provocó que tanto los liberales tradicionales como los conservadores vieran una especie de intromisión extranjera en la agenda que Robinson manejaba”, señaló el economista.

A su vez, el periodista indica que “la postura de EEUU hacia Guatemala cambió en 2015. Se sumó a última hora a las denuncias de corrupción contra Otto Pérez, cuando ya no podía sostenerlo más, obviamente llegó a ser tal el grado de suciedad de lo que se dio a conocer que EEUU se vio en una situación incómoda, y retiró el apoyo”. Es una crítica desde la izquierda.

Reconoce esta fuente que en 2016, el Gobierno de EEUU tuvo una posición firme de apoyo a una serie de reformas del sistema judicial que impulsaban la Fiscalía, la Procuraduría de Derechos Humanos (Defensoría del Pueblo) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, dependiente de la ONU.

Esto le granjeó la antipatía de los sectores del empresariado más tradicional, que es potencial sujeto de investigaciones por corrupción, señala el periodista; “yo le tengo mucha estima más allá de que su acción siempre fue en línea con las acciones del Departamento de Estado, su estilo es muy confrontativo, lo que varía entre Guatemala y Venezuela es precisamente que hay una lectura completamente distinta”.

“No sé cómo lo ven allá, pero aquí Robinson buscó una oportunidad para (…) empezar a trabajar con élites disidentes, que quieren hacer las cosas más democráticamente, versus la oposición de las élites viejas, incluyendo las empresariales, algunas de las cuales son los principales partidarios del liberalismo en Guatemala”. Una carga de profundidad que en Venezuela puede leerse no solo contra el Gobierno, sino contra una parte de la oposición.

¿Se lo permitirán?

El economista, a su vez, atribuye lo que finalmente considera una intromisión de Robinson en asuntos internos a “la falta de carácter, de planes y de decisión por parte de nuestros gobiernos”, pero afirma que “en el resto de sus actos, yo veo una consistente línea en términos de atacar la corrupción, la impunidad y el narcotráfico en Guatemala, por eso decía que en la medida en que exista narcotráfico infiltrado en el poder en Venezuela, así como corrupción, que sabemos que la hay, así como impunidad, creemos que Robinson tiene de por sí, el respaldo para ser más vocal y protagónico en estos temas, siempre que las circunstancias lo permitan”.

Y agrega que “todo se limita a si Maduro lo va a permitir o no, yo creo que no lo va a hacer, y Robinson lo sabe, por lo cual va a ser bastante más moderado y menos expresivo que lo que fue en Guatemala”.

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