Poder, codicia, ostentación= S.S.XXI – Jesús Alexis González Ponce

Poder, en cuanto a palabra, tiene su origen etimológico en posere que puede traducirse como “ser posible” o “ser capaz de”, mientras que enciclopédicamente se define como (1) Capacidad de influir en las personas y los sucesos, al tiempo de ser la manera que tienen los “lideres” para extender su influencia en los demás; (2) Estar capacitado, reunir las condiciones para hacer lo que se expresa; (3) Facultad para hacer algo; (4) Dominio o influencia que se tiene sobre alguna cosa; y (5) Capacidad de provocar ciertos efectos. De igual modo, es definido por algunos autores tales como (a) Weber: El poder es la probabilidad de que un actor dentro de un sistema social, se encuentre en posición de realizar su propio deseo a pesar de las resistencias; (b) Tawney: La capacidad de un individuo o grupo de individuos para modificar la conducta de otros individuos o grupos en la forma deseada y de impedir que la propia conducta sea modificada en la forma en que no se desea; (c) Parsons: Capacidad de una persona o grupo, para imponer de forma recurrente su voluntad sobre otros; (d) Dahl: A tiene el poder sobre B en cuanto pueda lograr que B haga algo que no haría de otra manera; y Wrong: Es una relación asimétrica, el sujeto que posee poder puede ejercer mayor control sobre la conducta del sujeto que la sufre.
Así mismo, se distinguen tres tipos principales de poder: Poder personal (carisma, personalidad, magnetismo) entendido como la capacidad que tienen aquellos para conseguir seguidores a partir de su personalidad; Poder legítimo (poder de posición, poder oficial) es aquel adjudicado por una autoridad superior con la finalidad de ser el orden de la sociedad; y Poder político (apoyo de un grupo) asumido como la habilidad que ha de tener un “líder” para trabajar en equipo dentro de sistemas sociales con el propósito de conseguir su apoyo; al punto que las organizaciones estatales tienden a quedar bajo el control de reducidos pero muy poderosos grupos políticos o financieros; todo ello sucede a pesar que el gobernante sea elegido democráticamente con la mejor de las intenciones (de uno y otro lado) habida cuenta de la tendencia de integrar a élites, quienes a la postre defenderán sus posiciones, a toda costa.
Codicia, hace referencia al deseo desmedido que siente una persona por obtener bienes, riquezas materiales y dinero, al extremo de considerar que nunca tiene demasiado (ambición sin límites) y por ende no repara en ningún marco moral o legal para conseguir más riqueza lo cual hace sin remordimientos, hasta caer en el campo de la avaricia (acaparar sin gastar ni compartir lo que obtiene). La codicia es una actitud obviamente negativa, ya que tiene como finalidad el beneficio personal en contra del prójimo habida cuenta que no le importa en lo más mínimo que su riqueza se construya sobre la base de la pobreza y desventura de otros con manifiesta ausencia del sentir social; hecho que reviste mayor trascendencia cuando se trata de un codicioso que ocupa un cargo político importante ligado con el bienestar nacional, siendo que no repara jamás en procurar que quienes lo rodean se encuentren bien y que no estén pasando necesidades. Tal comportamiento, está asociado con perturbaciones mentales propiciadas por el poder que anulan la capacidad de ver las necesidades de los demás, con absoluta falta de solidaridad (interés por las necesidades que pueden tener los otros) y de sensibilidad (negar ayuda a sabiendas que la están pasando mal).
Ostentación, por su parte, se refiere a la acción de exhibir, manifestar o mostrar lo que se tiene con jactancia, fatuidad, vanidad, arrogancia y petulancia; es decir es una actitud que tienen aquellos que hacen alarde de las cosas materiales que poseen y disfrutan mostrándolos de forma pública y grandilocuente (elocuencia abundante y altisonante), en un comportamiento contrario a la humildad, la sencillez, el recato y la moderación. Vale resaltar, que la ostentación de riqueza que hacen algunos políticos genera resentimiento en la ciudadanía, al igual que cuando lo hace una persona que hasta “ayer” perteneció a la clase media y ahora exhibe aquello que tiene con desmesura, buscando sobresalir entre la gente echándoles en cara lo que tiene. Por lo general, se infiere que las personas que ostentan sus pertenencias sienten un profundo vacío a nivel emocional especialmente identificado con las carencias afectivas.
En la Venezuela del presente, y como fruto de haberse generado un ambiente de “rechazo” hacia la democracia y los partidos políticos apuntalado por “notables” pensadores, por importantes medios de comunicación, por la ambición de “poder compartido” de ciertos “líderes políticos”, y por el mesianismo ciudadano, aunado a una impaciencia ante la lentitud de la perfectibilidad democrática; se abrió espacio para abonar en favor de la codicia por el poder en mucho alimentada por la presencia de militares con carencias afectivas, hasta dar paso al destructor ensayo de un indefinido socialismo del siglo XXI que se ha traducido en un totalitarismo que se está “apropiando” de la sociedad como un todo, a la luz de utilizar la economía como “arma” dominante con la obviedad manifiesta de contraer la voluntad del pueblo como reacción temerosa ante las nefastas consecuencias que le traería ser despojado del carnet de la patria, único mecanismo de acceso a las migajas ofrecidas por la “revolución” en un ambiente de esclavitud por alimentos y medicinas, en contraste con la ostentación de la cúpula gubernamental y sus enchufados.
Reflexión final: Ante la insistencia de dialogar con totalitaristas que no tienen ninguna intención de abandonar el poder, pareciera que se está negociando por menos totalitarismo y no por ¡¡más democracia!!
Economista Jesús Alexis González
04/12/17

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