Mañana saldrá nuevamente el sol – Felipe Guerrero

Justo cuando Venezuela vive la mayor destrucción por la tormenta que nace en Miraflores, un grupo de maestros nos encontramos para programar el «Abrazo en Familia». Era un reto adelantar esta cita en medio de esta tempestad de fraude y angustia.

En nuestra aldea muchos viven la estación de la desesperanza. Hay una fuerte lluvia de abatimiento que intenta ahogar nuestras ilusiones. Hay un chaparrón de lágrimas… «Lágrimas por los heridos,  por los muertos, por los presos, por los torturados, por los esqueletos que deambulan su hambre, por los enfermos sin medicinas, por los sedientos de libertad y justicia…Lágrimas por los niños que preguntan por qué existe la gente mala»

Pero… Al ver llegar a los paisanos con sus morrales repletos de confianza, volvió a resonar una canción del argentino Fito Páez que sirve para paliar las penalidades que vive la sociedad venezolana. El hermoso poema convertido en canción dice: «¿Quién dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón. / Tanta sangre que se llevó el río… / Yo vengo a ofrecer mi corazón…».

En la jornada de planificación del «Abrazo en Familia», renovamos nuestra convicción para salir a proclamar nuestra confianza en una patria mejor. Es la hora de iluminar las vidas de las familias que hoy conjugan el descontento junto con la desesperanza, entregándoles nuestra canción: «¿Quién dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón…».

Muchos maestros llegaron desde diferentes sitios de este lindero de la patria, pero todos, definitivamente todos salieron dispuestos a  «Ofrecer su corazón…».

En este emocionante encuentro por encima de todos los presente se elevó una voz serena, clara, radiante y cautivadora para afirmar a modo de sentencia: «No podemos permitir que oscurezca en Venezuela; tenemos la obligación de ser lámparas encendidas para alumbrar el camino a los demás… Todos somos luz en la noche de alguien… La profundidad de una persona no se mide por la huella que deja al pasar, sino por la distancia que abarca su  mirada… Hay miradas que lo dicen todo sin necesidad de expresar ninguna palabra, son profundas y a la vez ligeras, sin ánimo de lucro, sin juicios, con ese toque de dulzura fresca, con esa transparencia que nos permite avanzar hasta llegar al alma que las cobija… »

Este esperanzador mensaje lo pronunciaba con una total convicción la  educadora Ana Vilma Pérez, una maestra invidente que porta un faro de una fe tan profunda que es capaz de iluminar cualquier ambiente.

Su mensaje era un torbellino repleto de vida acompañado de una eterna sonrisa que irradia felicidad y optimismo. Esta maestra cuya vida transcurre en nuestras montañas tachirenses se  ha convertido en todo un ejemplo para un país necesitado, más que nunca, de referentes como ella.

Tiene motivos suficientes para hundirse como puede ocurrirle al común de los mortales, pero no a una mujer que ha hecho de la lucha y el optimismo su forma de vida. Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, el que no se deja sorprender y pasa por la vida sin mirar. A Ana Vilma Pérez, cada día el mundo le descubre cosas nuevas, porque cada día mira hacia adelante. Estoy convencido que su ceguera no es  oscuridad sino luz con nombre de esperanza y de amor.

«Sólo se ve bien con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos» Recordando este entrañable fragmento de El Principito, salimos a reencontrarnos con numerosos maestros que similar a Ana Vilma Pérezpreparan con entusiasmo «UN ABRAZO EN FAMILIA… PORQUE MAÑANA SALDRÁ NUEVAMENTE  EL SOL»

Escribe: Profesor Felipe Guerrero

E-mail: felipeguerrero11@gmail.com

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: