Especial Frida Khalo: El subrealismo fue el autoretrato de su corta vida

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Frida Khalo…. El subrealismo fue su corta vida

Víctor Manuel García Hidalgo / Premio Internacional Pablo Neruda de Literatura 1994

Una visión de la película de Frida Khalo, donde la actriz Salma Hayek, interpreta magistralmente a la pintora, nos retrata la vida nada fácil, más bien controvertida y dolorosa, de esta extraordinaria mujer mexicana, nacida en 1907 y fallecida en 1954. Solo vivió 47 años, pero su obra pictórica, con el correr de los años, se hace inmortal.

A Frida, André Breton, la calificó como una pintora subrealista. Pero la propia Frida, se encargó de aclarar tal versión. Al respecto Frida, dijo: – “¡ Mi pintura es personal. No es un sueño lo que pinto, es mi vida ¡” – Así rechaza Khalo, que la enmarquen o etiqueten dentro del subrealismo.

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Una muchacha herida yacía sobre las vías y la imagen de la Virgen de los Dolores flotaba sobre la escena. Añadiendo a la chica sus propias cejas y unos rótulos al tren y al autobús, lo convirtió en la representación de su propio accidente. En la parte inferior escribió: “Los esposos Guillermo Kahlo y Matilde C. de Kahlo dan gracias a la Virgen de los Dolores por haber salvado a su niña Frida del accidente acaecido en 1925 en la esquina de Cuahutemozin y de Calzada de Tlalpan.”

Aparatoso Accidente

A la edad de 18 años, mientras cubría como pasajera,  una ruta urbana  en autobús, sufre un accidente que le deja paralizada y la obliga a estar convaleciente en cama, durante un largo tiempo. En la cama aprende a pintar, su padre, retratista, le ordena a un carpintero, hacer un caballete para ser utilizado por su inmóvil hija en la cama y en la parte superior del lecho de enferma, le colocan un espejo. En medio de este escenario  da inicio a sus primeros trazos Frida Khalo. Por eso en sus primeras obras siempre hay una tendencia al autoretrato, rodeado de figuras subrealistas,  pero como bien lo define la artista, “no es un sueño es mi vida”. ¡En realidad, era su vida! La vida de una mujer inmóvil postrada en su lecho de enferma.

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El “panzón” Rivera y Frida Khalo

El “Panzón” Rivera

Diego Rivera, ya era un Muralista, renombrado en México, cuando conoce a Frida Khalo y la convierte en su segunda esposa. A partir de ese enlace se desatan las más fuertes pasiones, en las ambos artistas, se entregan al arte, la lujuria, el amor, el tabaco,  el mezcal de Oaxaca, la Tequila y las francachelas. Ambos pasan su vida bohemia, con pinceladas ideológicas, que se nutren de la izquierda trotskista nacida del marginamiento de las ideas progresistas arrasadas por el Stalismo y el Nacionalismo mexicano.

“Panzón”, así llamaba Frida, cariñosamente en la intimidad, al pintor  Diego Rivera.

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Henry Ford Hospital (1932)

Tal para cual

Creo que si Frida no nace, Diego,  la hace o al menos la crea en sus pinturas y sus murales. Pensar lo contrario, también es válido. Para Rivera, el coito sexual, era simple disfrute mecánico y pasajero, que satisfacía el momento, así de básico era, cuando se trataba de sexo. Para Frida, el amor sexual era algo más sublime y fiel. Dos visiones completamente opuestas, que a lo largo de los años, fue separando a la pareja en su vida afectiva, hasta que llegó la distancia definitiva, entre ambos.

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Rivera, en medio de sus noches locas de tabaco y alcohol, se enredaba entre faldas y mujeres, mientras la Khalo, suplía las ausencias del pintor, también entre faldas y mujeres bellas y esbeltas. ¡Tal para cual!

La gota que rebasó el vaso

A los meses de haber regresado de Nueva York, donde Frida tuvo una pérdida, que plasma, en una obra pintada en 1932, en el Henry Ford Hospital. Sufre la decepción amorosa más grande de su vida. Encontra al  “Panzón” de Rivera, gozándose a Cristina, su adorada hermana, la madre de sus sobrinos, a quienes Frida Khalo, había adoptado como sus hijos, después de la pérdida sufrida en el Hospital Henry Ford de Nueva York. A partir de ese momento, murió el pintor Rivera, en la vida íntima de la Khalo.

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En El Corazón  1937

En el Corazón 

No sólo la enfermedad fue causa de sus de sus pinturas; los reveses en su vida afectiva también fueron tematizados en cuadros que constituyen depuradas síntesis simbólicas. En El corazón (1937, Colección Michel Petitjean, París), la ausencia de manos expresa su impotencia y desesperación ante el enredo amoroso entre Diego Rivera y su hermana Cristina. Su corazón, literalmente arrancado, yace a sus pies y posee un tamaño desmesurado que refleja la intensidad de su dolor. Junto a ella, un vestido femenino, que alude a su hermana, pende de un hilo, a la vez que de sus mangas sale un único brazo que enlaza y un palo atraviesa el hueco que ha dejado su propio corazón.

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