El voto irremediable – José Luis Zambrano Padauy

De niño soñaba con unas ansias perturbadoras, el entintarme el dedo, para poder respirar ese aire indescriptible y glorioso de ser ciudadano ejemplar. Ese sería el paso reconfortante entre la infancia y la adultez. El poder depositar en un buzón, mi parecer sobre quién podría ser el más pertinente para dirigir destinos nacionales. Lo consideraba un logro tan prodigioso y severo, que dejar de lado la oportunidad era como no comer en las horas precisas o no saber leer ante tantos acontecimientos desmesurados en los periódicos.

Recuerdo cómo salí a la vera de la casa de mis abuelos, blandiendo la bandera del candidato triunfante, en una de esas elecciones memorables de una democracia con orificios, pero en la cual se ejercía el derecho al sufragio en los tiempos perfectos y con la responsabilidad inquebrantable.

Nunca dudé del valor y la representatividad del voto. No era algo decidido por un dedo autócrata desde las huestes del poder, al ser legítimo y originario. Nada debe ser resuelto en un conciliábulo desalmado, pues no generaría una realidad de bondades compartidas. Por eso, la sensación sensata de haber cumplido al estampar la flecha asertiva por el aspirante predilecto, en ese cartón carnavalesco de opciones y colores diversos, revestía vital importancia en la idiosincrasia venezolana.

Pero hoy la desconfianza germina por todos lados. Las elecciones de gobernadores de este fin de semana yacen abarrotadas de una pesadumbre de yunque. Muchos las consideran como el esbozo cómplice del engaño, tramado para maquillar resultados, con una  gran desvergüenza y carencia de escrúpulos.

Con toda razón se asevera que no se pueden borrar las cicatrices de sangre en las calles, los gritos ensordecedores clamando justicia y las imágenes de bombas estallando en el pecho de los inocentes.

Asimismo, con la parsimonia asombrosa del desentendido, el gobierno se creó la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, que ningún país en el mundo con la cabeza bien puesta en su institucionalidad podría avalar. Hasta la empresa Smartmatic salió despavorida cuando no lograba sostener el contraste de menos de 300 mil electores, camuflados en más de 8 millones de burlas.

Ahora nos dicen que debemos votar. Emitir una opinión detrás de una cortina para la estafa y una sarta de amenazas continuas para bajar el estímulo. El Consejo Nacional Electoral cierra 77 centros de electorales a capricho en sitios estratégicos y ya los personeros del régimen amenazan que los gobernadores serán sometidos, después de tan candente proceso de votación, a esa ANC que sólo emite irrespeto hacia lo que queda de patria y halaga los desatinos diarios de la dictadura.

La pregunta frenética e inquietante es: ¿qué beneficio traería no votar? Cierto que este sufragio puede ser un circo apresurado en tiempos irregulares –pese a estar atrasada esta votación– y la situación emocional se halla trabada en una inconformidad masiva. Pero acaso no se le haría al gobierno más fácil el camino para los descalabros, mientras esperamos que todo se resuelva con nuestra frustración.

Tal vez realicen la trampa cotidiana a cal y canto. Quizá emitan con una tranquilidad pasmosa, los veredictos en alocuciones de desvelo y con la misma vocera irregular, vencida hace mucho en su investidura. Pero está oportunidad irremediable de quitar a más secuaces del camino y contar con más representantes en la lucha por restablecer la democracia, no puede ser desestimada. Votar ahora será una inversión notable y significativa, para devolverle esa sonrisa estelar a nuestra amada Venezuela.

 

MgS. José Luis Zambrano Padauy

Director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

zambranopadauy@hotmail.com

@Joseluis5571

 

 

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