¿Fuimos algún día ricos? – Domingo Alberto Rangel

Domingo Alberto Rangel
@DomingoAlbertoR

 

 

Integrantes de tres generaciones que han visto las películas de James Bond no recuerdan que en la primera película, creo, el mejor agente secreto, espía, play boy y “bon vivant” que el cine haya inventado, después de ganar a la ruleta desbancando el siempre elegante y superior Casino de Montecarlo… pidió que parte de sus ganancias se cancelaran en bolívares. ¡Una moneda considerada “dura” en esos tiempos –comienzos de los años sesenta del siglo pasado- e integrante de las reservas monetarias de países ricos!.

Los libros de Ian Fleming –creador de James Bond- se escribieron al final de la Segunda Guerra, cuando en Venezuela gobernaba o era un factor importante Marcos Pérez Jiménez… un dictador que dejó a su huida nocturna un país que en casi todos los aspectos fue mucho mejor a la Venezuela del puntofijismo. Realidad que sin embargo la historia oficial, escrita por enemigos de Pérez Jiménez se niega a reconocer como tampoco se reconoce que otro dictador, Juan Vicente Gómez fue mejor Presidente y Jefe de Estado que todos los que le precedieron e incluso que la mayoría de los que vinieron “después”.

Pero en las cadenas oficiales nunca aparecerán a manera de ejemplo, ni Gómez ni Pérez Jiménez, porque se prefiere exaltar otros mandatarios del pasado, como Cipriano Castro y Bolívar, quienes contrajeron deudas inmensas a diferencia del compadre de Cipriano que la pagó y del último dictador, porque Carmona Estanga no pasó de hacer el ridículo, que dejó un país donde las monedas eran de plata y los obreros bebían whiskey escocés los viernes, como atestigua el Che Guevara en carta privada.

No obstante mitos y embustes siguen caminando por la historia como el muñequito del Etiqueta Negra. Una de ellas se escucha de vez en cuando en reuniones de personas de la tercera edad o de “adultos contemporáneos”, mentira piadosa, cuando entre tequeño y bebida, si los hay, los participantes terminan viendo el pasado en retrospectiva: Vano consuelo, similar al “nadie me quita lo bailado” y que postula que “éramos ricos y no lo sabíamos”.

La frase es una mentira porque siempre los venezolanos fuimos pobrísimos desde la independencia de la Gran Colombia hasta el comienzo en serio de la explotación petrolera… también es mendaz porque quienes la sueltan al voleo en su imaginario se refieren a los años setenta y ochenta del siglo pasado… cuando ya íbamos en barrena… pero no lo sabíamos. Veamos, porque esto se relaciona con la solución de los problemas actuales, que son muchos.

El Camelot en el que algunos venezolanos creyeron vivir –o piensan que realmente sucedió- fue producto más del azar petrolero pero también de Presidentes y dictadores que por alguna razón dejaron la economía en manos de quienes producen y saben hacerlo que son los privados.

Hasta la caída de Pérez Jiménez tuvimos un crecimiento económico, mayor al aumento de la población, año a año, diversificado e insertándonos poco a poco en la economía mundial.

Ese crecimiento sano se basó en fortalecer el estado de derecho, estabilidad de la moneda –de plata, ya lo señalé- merced a un BCV más o menos independiente del estado hasta el destartalante primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, sin muchas restricciones arancelarias.

Este crecimiento se potenció merced a la llegada de inmigrantes que venían de Europa, acostumbrados al capitalismo y horrorizados ante el hambre que habían pasado y la destrucción de la Segunda Guerra.

Esto cambió radicalmente y a pesar de que nunca fuimos ricos, Venezuela hasta los años cincuenta se consideró un país desarrollado en algunos aspectos. El desarrollo tipo Bélgica era cuestión de tiempo, trabajo e inversión. Y eso se comenzó a deteriorar con la democracia.

Consecuencia del pacto entre el primer gobierno del puntofijismo se introdujo la economía centralmente planificada, típica del socialismo, añadida a la sustitución de importaciones. Y comenzó el bochinche.

Los consumidores venezolanos pasaron a pagar carros “fabricados en el país” a un cincuenta por ciento más caros que a la caída de Pérez Jiménez. Comerse un Toblerone o un Milky Way pasó a ser delito de contrabando y varias generaciones de compatriotas crecimos comiendo año tras año, los mismos chocolates nacionales, en las mismas envolturas, pagando precios superiores a los que pagaríamos importando competencia digamos de Suiza o los Estados Unidos que todavía era la gran fábrica del mundo. ¡Entre burlitas y relativa buena vida, no para todos, comenzó la debacle anterior a esta de los bolivarianos!

Este recuento viene al caso porque los candidatos a gobernador, ayunos de ideas, programas o voluntad… en el fondo proponen “volver al pasado”… como si eso fuese posible o como si el pasado fuese un cuento de hadas.
La mayoría, incluso los más veteranos, llevan dieciocho años “haciendo política” desde los medios, reseñando a diario informes forenses donde se advierte lo que todos saben… “no hay harina de maíz”, “violaron una octogenaria”, “casi no quedan autobuses circulando”… y así. ¡No señalan soluciones!

Quién los escucha y sobre todos los más jóvenes, los milenios, pueden creer que el pasado puntofijista fue brillante, impecable. ¡Nada que ver!

Nuestro país tuvo el privilegio de ser el primero de América Latina donde aterrizó “El Concord”… pero, ¿qué era eso?

El Concord fue uno de los dos únicos aviones comerciales supersónicos que han volado… solo viajaron entre Paris o Londres –era un avión europeo- y Nueva York, Washington y Caracas, más tarde Barbados y Río de Janeiro los vieron aterrizar… ojo, nuestra capital fue abandonada como plaza de destino mucho antes de la llegada de Hugo Chávez.
Tampoco fue el único caso a contrapelo del Camelot venezolano en los años del puntofijismo porque la mayoría de los laboratorios donde se fabricaban medicinas abandonó nuestro país antes de 1998 cuando Chávez no pasaba del 5 % en las encuestas.

Los barrios donde se agolpa la pobreza, donde se entienden sin apoyar las razones de quien piensa que todo medio es lícito “para salir de allí”… son creación de la irresponsabilidad de los partidos que llegaron al poder mucho antes del bolivarianismo. En épocas remotas hubo parquímetros en las principales ciudades y fueron los concejales adecos y copeyanos, demagogos ambos, quienes los eliminaron.

La lista de barbaridades sería infinita y por ende paro: ¿Pero, cómo se puede votar por sabiendas estos opositores cuando se sabe que estos zorros, viejos y nuevos, que manejan la Mud, a lo mejor pierden con el tiempo la pelambre… pero no las mañas?

Salvo Andrés Velásquez, por lo honesto que fue “el indio”, cuando no se postuló a diputado… ustedes me perdonan y no soy abstencionista… pero, carajo… ni con “pañuelo en la nariz” merecen confianza.

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