Escritos en la Cárcel: “¡Santo Padre Pío!” – Víctor Manuel García Hidalgo

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Miércoles 18 de abril de 2013

Hoy cumplo 54 años de edad, nada que celebrar. “¡Estoy Preso!”

La canalla política, la injusticia y el oprobio, que azota a Venezuela, me ha puesto tras las rejas. Soy el primer preso político del señor Presidente de la República Nicolás Maduro. Mañana 19 de abril, cumplo mi primer mes en la cárcel de Yare. El Centro Penitenciario de la Región Capital, Yare 3, es un nombre muy rimbombante, para este infierno.Prefiero llamarlo por su nombre de pila: “Yare loco” y/o “Yaritza”, así lo bautizaron los presos.

A las tres de la madrugada, se escucha un grito en el medio del patio, seguido de un lamento de preso: “¡ Heidi, carajita de Caricuao, te amo. Espérame, me faltan 18 años….!” Así lanza sus penas al viento el preso. Luego se escucha otro grito: -“¡Callate, malandro. Aguanta tu pela. Vete a dormir”! –

Amanecer entre gusanos

Con los primeros rayos de luz que anuncian el divorcio entre la oscuridad de la noche y la claridad del día, observo que mi colchoneta en el suelo,  en el pasillo del piso 1, de la Torre 4, está rodeada de diminutos seres vivos de color blanco. ¡Estoy rodeado de Gusanos! Amanecí entre ellos. Un preso de mal vivir, de esos que abundan en Yare Loco, había dejado “un barquito”, con sus heces, en un depósito de basura cercano a donde yo dormía.  Con otros presos, nos tocó limpiar y desinfectar aquel lugar con creolina. Luego eliminamos el pipote de basura de esa esquina y pinte  una enredadera de hojas verdes y flores blancas, con un escrito que decía: Prohibido Botar Basura. “¡Te estamos cazando, cochino!”. – “¿Qué regalo de cumpleaños?”– pensé en silencio.

El estremecedor ruido que produce estrellar un objeto contundente contra la puerta de hierro principal de la Torre 4 y  escuchar los gritos de la gendarmería enloquecida: “¡Número, número, número!”. “¡Delincuentes, ratas,  a pararse!” “¡Así dan los buenos días, los custodios y GNB,  en las cárceles venezolanas!”

La formación se hace en la cancha exterior de las torres, donde están las celdas de los presos. El número se pasa dos veces al día, en la mañana y en la tarde, se cuentan los presos y se verifica que ninguno se haya fugado.

Hoy me visita Antonieta, mi amada esposa

Lo mejor de mi cumpleaños 54, es ver el rostro de mi amada esposa, la madre de mi hijo, Antonieta. Para nada le menciono la caravana de gusanos en la madrugada de hoy.

Desde la puerta principal de entrada al complejo carcelario de Yare, hasta el penal de Yare 3, hay aproximadamente kilómetro y medio de distancia Hay que pasar por un lado de la carretera del Penal Yare 1, un penal abierto donde los presos montan guardia con armas largas a la vista de los Guardias Nacionales y por el otro, está el Anexo Administrativo de la GNB, donde estuvo detenido el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

Antonieta, carga en la espalda una enorme bolsa plástica que contiene mi comida, lencería, medicinas, ropa limpia y uno que otro detalle, que siempre me envía mi hijo o el resto de la familia. El trayecto tiene que hacerlo a pie, subiendo una cuesta, ligeramente inclinada. Los miércoles no funciona el transporte público gratuito para Yare 3, ya que no hay visitas familiares ni conyugales. La visita de Antonieta, los miércoles obedece a su condición de abogada y miembro de mi defensa privada. – “¡Un castigo adicional!”–  Cortesía del Ministerio de Asuntos Penitenciarios, a cargo de la señora Iris Varela.

Padre Pío  

Con un suculento asado negro, con arroz blanco y tajadas, Antonieta me entrega tres libros: “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, escrito por su Santidad Juan Pablo II; “La Vida es un Paseo” y “El Arte de Combinar el Si con el NO”, ambos del Padre Ricardo Bulmez. También me entrega una estampita del Padre Pío, que un familiar muy devoto del Santo de los Estigmas de Dios, había comprado en Italia y me la envió a la cárcel. Lamentablemente, nunca pude agradecerle en vida a Giacomo Putón, la santa imagen. A finales de marzo del año 2013, justo al cumplir yo 30 días de mi detención en el Peaje Jacinto Lara de la Carretera Lara-Zulia, el cáncer se llevó a Giacomo  -QEPD-

A partir del encuentro con Padre Pío, comencé a detallarlo: “!El me veía y yo lo veía¡” Padre Pío, me acompañaba por todas aquellas caminerías y torres de Yare 3, un penal para procesados y penados por delitos comunes. Recuerdo que aquella noche de mi cumpleaños número 54, escuche una frase que jamás olvidaré, me la dijo alias Carancho, un preso con una condición innata y talento súper especial para el dibujo y la música:   -“¡Viejo, Feliz Cumpleaños!” – “¡Preso es Preso y su apellido es candado!”- Con esa frase célebre de presos, culminó mi noche de cumpleaños, aquel 18 de abril de 2013.

Julio de 2013

Entre mayo y junio de aquel año, solo me dedique a leer, a hacer ejercicios. Tenía que rebajar y pasar hambre. –“Si, hambre, así como suena” – Rebaje 24 kilos. La dolencia en la columna lumbar, a consecuencia de mal dormir en el suelo, me estaba,  matando, literalmente hablando. El dolor provocó que yo mismo me inyectara, a interdiario, Complejo B, con Lidocaína.  Los pantalones y camisas, me quedaban guindando. Tuve que mandarme a hacer una correa carcelaria, de tejido de nylon, para poder sujetar mis pantalones.

Esta mañana al llegar al galpón de cultura y entrar en el salón de dibujo y pintura, noté que el ambiente estaba tenso. Las palabras subidas de tono, seguidas de amenazas, de dos presos de cultura, terminó mal. La violencia en la cárcel, pasa de cero a cien, en milésimas de segundos. Enrique y José Gregorio, se enfrentaron en una riña fea. Enrique se le fue encima con una tijera carcelaría, con filo de hojilla, en ambas hojas. Su intención fue sacar del juego a José Gregorio  y picarlo, pero éste con un movimiento muy ágil  logro detenerlo y propinarle un fuerte pupitrazo, que le evitó, seguramente, una herida punzo penetrante. Entre todos los demás reos, desarmamos a Enrique y convinimos en que el combate sería a coñazo limpio. Recuerdo que un preso dijo: ambos tienen que desahogarse, así fue. A los 10 minutos, los separamos. “¡Enrique llevo la peor parte!” Vino el tradicional “Bórralo” carcelario, expresión que denota que no hay más pleito (culebra), entre los combatientes. Acto seguido, nos tocó ordenar aquel salón. Ese día aprendí que todo objeto a tu alcance en la cárcel,  es válido a la hora de evitar una puñalada.

A las doce del día, de aquel día de julio, saque mi estampita de Padre Pio y comencé a dibujarlo en lápiz sobre papel, en blanco y negro. Utilice las sombras y las luces, que me había enseñado el profesor Milton, un egresado de la Escuela de Arte Cristóbal Rojas, adscrito al Ministerio de Asuntos Penitenciarios y director de Cultura de Yare 3. Un hombre de gran mística y consecuente trabajo, que todos los días daba lo mejor de sí, para evitar que los presos se hundieran en el vicio y el ocio. En el movimiento cultural de Yare 3, logramos captar a unos 100 presos, que aprendieron a dibujar, a pintar, a tocar algún instrumento musical. Otros desarrollaban su talento en el taller de Teatro Fenix o asistían a los cursos de periodismo digital que comencé a dictar, pero. – Siempre, hay un pero – El retiro de la única computadora con conexión a internet, para evitar que “el periodista” y preso político, se conectará con el exterior, obligó a que cesara en el intento de enseñar periodismo a los presos de Yare 3.

El retrato de Padre Pío, quedo basta bien. El profesor Milton, me felicitó. Esa misma tarde colgué la santa imagen de Padre Pío, en lo alto de la pared principal, a la entrada del salón de dibujo y pintura. Proclamé una improvisada oración: “¡Santo Padre Pio, tu que llevaste en vida los estigmas de Jesucristo, nuestro señor, no permitas que nunca jamás un acto de violencia profane la paz y la cultura en este salón y concédele la libertad,  a todos los hombres de buena voluntad, que estamos presos en este recinto. Amén!”

A los pocos días se produjo la libertad de un preso de cultura. Todos nos alegramos y fue así como nació, mi fe por Padre Pío. Cada vez que entraba al salón de cultura, mi mirada buscaba, casi que automáticamente, la imagen Santa, que colgaba en aquella pared. Allá en aquel salón de dibujo y pintura, del galpón de cultura de Yare 3: “¡está Santo Padre Pío”!

Víctor Manuel García Hidalgo – Escritos en la Cárcel.

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