La autocrítica de “Chúo” – Manuel Felipe Sierra

El país se encamina hacia la realización de las elecciones de gobernadores pospuestas el año pasado. Pese a cierta reticencia de partidos opositores, al final se optó por concurrir a un evento constitucional y cuya realización oportuna venía siendo reclamado por el país. Luego de la clamorosa victoria opositora en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 (que por primera vez pusieron en evidencia una clara mayoría de venezolanos opuestos al régimen), procedía la continuación de la ruta electoral que pasaba por la escogencia de nuevos gobernadores, consejos regionales y alcaldes, como un paso previo para la disputa presidencial del 2018. El país se encamina hacia la realización de las elecciones de gobernadores pospuestas el año pasado. Pese a cierta reticencia de partidos opositores, al final se optó por concurrir a un evento constitucional y cuya realización oportuna venía siendo reclamado por el país. Luego de la clamorosa victoria opositora en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 (que por primera vez pusieron en evidencia una clara mayoría de venezolanos opuestos al régimen), procedía la continuación de la ruta electoral que pasaba por la escogencia de nuevos gobernadores, consejos regionales y alcaldes, como un paso previo para la disputa presidencial del 2018.  Sorpresivamente surgió la tesis de alterar las reglas del juego, mediante el llamado a diversas alternativas para sustituir al gobierno de Maduro. Se habló que su mandato no debería pasar de los seis meses en lo que no era más que una ingenua declaración, ya que ningún gobernante (ni siquiera el más infantil y despistado), dejaría de tomar medidas para evitarlo, más aún cuando ésta se colocaba al margen del período constitucional. Surgieron entonces varias alternativas: recorte del mandato; Asamblea Constituyente y Revocatorio Presidencial, y el regreso nuevamente a la activación de la calle mediante protestas, manifestaciones no siempre pacíficas y estimular un clima de tensión internacional. Es decir, se copiaba la receta aplicada con la famosa “Salida” del 2014 cuyos desastrosos resultados ya se conocían. De esta manera se obvió la ruta que ya se auguraba victoriosa con la reciente elección parlamentaria y se escogió nuevamente un atajo impreciso y necesariamente contaminado por la violencia. Al final no hubo referéndum revocatorio; no se produjo la renuncia del gobernante, no cristalizó la injerencia internacional a través de la OEA, y se convocó nuevamente para acciones que condujeron a más de cien muertes, miles de detenidos, y deportados y cuantiosos daños materiales, aún no cuantificados pero que, seguramente, complicarán la situación económica del país. Maduro en cambio “jugó adelantado” y se apropió de la convocatoria de la Constituyente que finalmente, pese a reparos jurídicos y políticos, se materializó en las urnas y finalmente como contrapartida convocó las elecciones regionales tal como lo habían exigido los sectores que lo adversan. Como ha reconocido el ex Secretario Ejecutivo de la MUD, Jesús “Chúo” Torrealba en una valiente autocrítica: “Perdimos tiempo con las protestas y con las acciones se perdieron vidas y eso es grave”.

Un comentario sobre “La autocrítica de “Chúo” – Manuel Felipe Sierra

  1. Lamentablemente, en este análisis, se toman como incontrovertibles hechos a opiniones sobre los deseos de la mayoría; tales como que el país reclama elecciones en estos momentos. Por decir lo menos, parece ilógico que la oposición que denunció al proceso constituyente como inconstitucional y fraudulento; al CNE como factotum cómplice; a Maduro como dictador fuera de la Ley y ha invocado la aplicación del artículo 350 constitucional; llame a participar en unas elecciones que validarían y darían oxígeno y barniz democrático al régimen. Pasar por la horca caudina de la aprobación de la ANC a cada candidatura así lo confirma. El tiempo que han perdido y siguen perdiendo en estos menesteres, en lugar de tomar acciones coherentes para deponer la dictadura, les costará probablemente la pérdida del respaldo y la confianza popular. El ya fracasado camino del “vota por mi” en contraposición al grito de auxilio de la población, pasará ineludible factura a la dirigencia.

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