Prohibido pistonear en la recta final – Macky Arenas

La red fue lanzada a ver cuántos incautos caen. La liberación a medias de Leopoldo López   ha dejado al descubierto la indefensión del régimen.  Salieron con un propósito y la tortilla se les volteó. Teniendo en cuenta que toda dictadura hace presos políticos y que todo preso político es un rehén de la arbitrariedad devenida en legalidad, López no es la excepción: el régimen lo mantuvo el tiempo que le convino y lo sacó a su casa –con o sin gestores de turno- en el momento en que pensó le convenía. Conviene ahora a todos –y muy especialmente a López- nadar bien lejos de la red.  En otras palabras, impedir que este tipo de coyunturas sean utilizadas para fines puntuales del régimen y, sobre todo, para dar la impresión de distensión por la vía del desencuentro entre la dirigencia de una oposición que, por fin y gracias a la clarividencia de la sociedad civil, cogió calle de manera  monolítica.

Los voceros  del oficialismo andan más que dispuestos  a dejarse ver  el lóbulo de la oreja, tan seguros están de que su suerte ha sido echada. Padrino hablando de paz, Maduro de acato al TSJ, Saab presentando el caso López como un hecho “no excepcional” y, al final, toda la oreja: Cabello descalificando la Consulta Popular y Rodríguez amenazando con  ir “a la calle a defender la patria”. El atrevimiento es llamar patria a ese escuálido porcentaje de población  pro-gobierno que  muestran las encuestas; y la defensa no es más que  la violenta arremetida de los colectivos en lugares públicos  y hogares,  saqueando y destruyendo todo  a su paso como si de las hordas de Atila se tratara.

Un auténtico ejército de ocupación contra el que este pueblo resiste con valentía y sin esguinces. En honor a ello hay que mantener la coherencia, olvidar personalismos y apetencias extemporáneas y fijar la atención en el gran objetivo: el cambio de gobierno, el rescate de la democracia y la vigencia plena de la libertad. Lo antes posible, sin mezquindades ni retrasos. El régimen quiere el 30J para correr la arruga hasta el 2018. La gente lo sabe y no es en ese vagón en el que se va a montar. Las regionales son un caramelito, la “paz” es el paraván y la liberación de todos los presos está por verse.

Ya no hay espacio para equivocaciones ni lugar para pretensiones de exclusividad.  Hay que posponer el pezcueceo y las rebatiñas. Lo exige una sociedad civil que se ha ganado sus galones  en la calle. Lo primero es respetar esta lucha y entender que ella no es de ninguno en particular y que quien la honre tendrá carrera política para rato y el que no, irá al basurero de la historia. Así se sencillo. Este país es otro y la gente de bien ha cambiado para bien. Ya no seremos pasto de demagogos ni dejaremos  a cúpulas el trazado de nuestro destino.  Lo único que no ha cambiado es la nobleza de este pueblo y la sinceridad en su alma cuando llama al otro: “hermano”.

Este país, lo mejor de su gente y su futuro salió a la calle y no regresará ya más. Unos porque han caído en combate y otros porque abandonarlo es desmerecer su sacrificio. Pero la clave es que permanecer “en la calle” es una manera de afirmar el compromiso y anclar la participación -ahora y para siempre- en los asuntos que nos afectan como la base más sólida de una democracia estable.

Hemos crecido en madurez, en visión y en capacidad.  Porque hemos entendido que decidir nuestro destino pasa por reconocer dónde están nuestros  intereses y prioridades y defenderlos por encima de cualquier partido o individualidad. Es lo mejor que ha dejado esta pasantía autocrática, muy a pesar de ella. Hemos comprendido que un partido es una representación de una porción de la sociedad pero no ella misma como han pretendido los  mandantes  totalitarios. Y tenemos claro que un líder  es un depositario de la confianza de la gente, no un demagogo con licencia para naricear multitudes.

Lo que se proponía este régimen era la sujeción y ha despertado el gigante libertario que dormía en el conformismo y la inacción. Ha sacado el cacique que cada indio lleva por dentro.

Por eso, como decimos en criollo, las cuentas claras y el chocolate espeso para no pistonear en la recta final.-

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: