“Que duro son los golpes de ataudes” – Mario Valdez

En momentos que me siento a preparar esta Crónica sobre Pompeyo Márquez, no puedo pasar por alto el vil asesinato del joven universitario David Vallenilla, quien se encontraba protestando pacíficamente y sin armas, cuando recibió los disparos “a menos de dos metros de distancia y a quemarropa”, con perdigones que acabaron con su vida, el sicario fue tan miserable que le dio un tiro de gracia en el suelo. Desde el primero de abril que comenzaron las protestas contra el gobierno van 80 muertos, la carnicería y la sed de sangre  parece no saciarse. A ese muchacho lo fusilaron.

“Venezuela se está desangrando, vive una represión de las más duras que ha tenido el país, a lo largo del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Basta, basta, hasta cuando el derramamiento de sangre, por un lado la represión y los colectivos; por el otro, el hampa común en complicidad con los cuerpos policiales y de seguridad. Hay que mantener la lucha y la unidad, pero esto no puede continuar, tenemos que hacer lo que están haciendo los jóvenes estudiantes, la lucha, la lucha, la unidad, la unidad, el enfrentamiento, el cambio de régimen, el cambio de gobierno, la libertad, pero para eso es necesario luchar, luchar unidos”. Estas fueron las palabras pronunciadas por Pompeyo, el día 28 de abril 2017, con motivo de la celebración de sus 95 años de vida.

Pompeyo y Bertolt Brecht, “los indispensables”

El 28 de abril de 1922, en Ciudad Bolívar, nació Pompeyo Ezequiel Márquez Millán, fue el segundo de cuatro hermanos, ala muerte de su padre, él y la familia se vienen a Caracas. En 1943, contrajo matrimonio con Socorro Negretti, padre de cuatro hijos (Tania, Natasha, Iván y Luz María). Después del fallecimiento de doña Socorro, Pompeyo volvió a contraer nupcias con la mujer que lo acompaño hasta el último minuto Yajaira Araujo.

El pasado jueves 22, falleció Pompeyo Márquez, un hombre digno de ejemplo, incansable, desde niño combatió contra la dictadura de Juan Vicente Gómez; estuvo en primera línea en la resistencia contra el general Marcos Pérez Jiménez, en la clandestinidad y la lucha su seudónimo fue “Santos Yorme”, el más buscado por la Seguridad Nacional (SN), nunca pudieron atraparlo, se convirtió en leyenda; desde el primer día estuvo en contra del comandante Hugo Chávez, predijo lo que venía, combatió al gobierno hasta el último minuto de sus días.

Recuerdo su discurso en la instalación de la I Convención Nacional Juvenil del MAS, donde Pompeyo, el hombre que venía de la lucha armada, de la cárcel, de romper con el Kremlin y el partido comunista, lleno de experiencia y sabiduría, dirigiéndose a aquel auditórium donde estábamos los jóvenes dirigentes del partido, escuchando esa pieza oratoria, para finalizar su encendida intervención, cito la frase de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.  Todos los presentes lo aplaudimos de pie por un largo rato.

Pompeyo preso y al Cuartel San Carlos

El 2 de octubre de 1963, el gobierno de Acción Democrática le allana la inmunidad parlamentaria a Pompeyo Márquez, y le dictan auto de detención por el delito de rebelión militar. El 15 de enero de 1964, lo hacen preso llegando a la quinta “Josefina”, donde vivía Eleazar Díaz Rangel, ambos fueron recluidos en el sector F-2 del Cuartel San Carlos. En esa casa se encontraban una señora de nombre Raquel Reyes y Tania e Iván, hijos menores de Pompeyo, quienes fueron llevados a los sótanos de la Digepol. A finales de los años 80, conocí a Orlando García, quien me comentó que él estuvo  en esa operación con Erasto Fernández (jefe de la Digepol), y habían recibido un reconocimiento interno por haber capturado a “Santos Yorme”, una de las cabezas más codiciadas por Pedro Estrada y la Seguridad Nacional, quienes nunca pudieron apresarlo.

La gran fuga del Cuartel San Carlos

El  domingo 5 de febrero de 1967, a las 7 y 10 de la noche, se celebraba en el hotel “Ávila”, la octavita del carnaval de Caracas, amenizada por la Billo´s Caracas Boys, el lema era “En el Ávila es la cosa”, a esa misma hora, los dirigentes comunistas Pompeyo Márquez “Santos Yorme”, Guillermo García Ponce y Teodoro Petkoff, a quienes el gobierno les había allanado la inmunidad parlamentaria, se estaban fugando del Cuartel San Carlos, en uno de los escapes  más espectaculares, la gran fuga.

En marzo de 1964, el partido decide rescatar a sus dirigentes presos. Planifican la huida (un túnel de 60 metros, hecho de afuera hacia la cárcel, una construcción atípica),  bajo la dirección de Alberto Lovera (lo asesinan en 1965) y Antonio José “Caraquita” Urbina (jefe de la Juventud Comunista), es quien asume el mando.

Había que montar una bodega que “diera fiao y que generara confianza a los guardias de la fortaleza carcelaria”, el hombre ideal era un “turco”.  Buscan a un viejo comunista sirio y le montan la bodega, se dio a conocer como el turco “Simón”, también le decían el “Baisano”, se hace amigo de todos los guardias. La bodega estaba ubicada frente al centro carcelario, entre las esquinas Jabonería a Macuro. Desde allí comienzan la obra y concluyen la excavación total del túnel. Para los guardias era normal ver como el “Baisano” entraba y salía de su bodega con la camioneta cargada de mercadería frente a ellos, le revisaban superficialmente el vehículo sin mayores controles, había funcionado la confianza que el turco les había brindado. La esperada noche salen los tres hombres por el túnel hasta la bodega, se acuestan en el piso de  la camioneta, el “Baisano” los cubrió con una lona, arriba les puso cajas y sacos llenos de papa y ocumo. Con la sangre fría con que actuaban los comunistas de esa época, el turco “Simón”, se paró frente a la garita, saludo a los guardias, se acercaron y les dijo “voy a la fiesta, al regreso les traigo una botellita”. Todavía lo están esperando. Pompeyo, García Ponce y Teodoro ganaron la calle y continuaron la lucha por la libertad y sus ideales.

De donde salió “Santos Yorme”

Pompeyo Márquez, para los jóvenes que están en la política es visto como el abuelo, por el cariño y los consejos, pese a su edad transmitía fuerza y fortaleza al hablar, con sus modales y gestos. Para nosotros fue un padre político, duro, exigente, siempre transmitiendo sus consejos y vivencias, recuerdo cuando nos decía, “muchachos no se dejen agarrar, desde la calle es más fácil resolver los problemas, porque cuando se está preso, como estuve yo, a veces se pierde la llave”.  En mis años de militancia en el MAS, siempre estuve ubicado en la tendencia o corriente interna que dirigió Pompeyo, recuerdo que un día por curiosidad le pregunté por el seudónimo “Santos Yorme”, me contesto: eso fue un inventó Jesús Sanoja Hernández, quien me puso todos los apodos. El Santos vino por Santos Luzardo, personaje de la novela “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos,  y el Yorme es la composición de mi nombre completo.

Iván, nos quedó pendiente un café con el viejo, recibe mis sentidas palabras de condolencia extensiva a tus hermanas y a Yajaira. Me despido como dijo el poeta “Que duro son los golpes de ataúdes”.

marioevaldez@gmail.com

@marioevaldez

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