Incongruencias, por el Cardenal Porras

No hay nada que socave más la convivencia que la distancia que se origina cuando las palabras y los hechos van por caminos diversos. La confianza es uno de los valores más necesarios en la vida cotidiana, porque la mentira, las medias verdades, la manipulación y el engaño destruyen toda posibilidad de entendimiento y de trabajo en común. Es lo que está pasando en Venezuela.

Si nos atuviéramos exclusivamente en buena parte de los discursos oficialistas, no tendríamos más que decir sino que estamos gobernados por gente más inocente y pura que la Madre Teresa de Calcuta. A diario se habla de paz, de armonía, de respeto y todos los males se achacan a los “otros”. Una auténtica película del lejano oeste: por la pinta se sabe quiénes son los buenos y quienes los malos.

Pero la vida, los hechos reales no se pueden ocultar así la propaganda y los reiterativos mensajes mediáticos digan otra cosa. Se muestre la constitución y hay que atenerse a ella, y los primeros que no sólo la incumplen sino que la ignoran, son los que tienen la primera obligación de cumplirla: el gobierno.

La represión brutal y despiadada de los órganos de seguridad del Estado y la actuación libre y apoyada de los colectivos no son objeto de ninguna averiguación ni reprimenda. Hay demasiadas evidencias gráficas y testimonios presenciales que, al menos, deberían ser motivo de investigación para establecer responsabilidades. Se juega a la violencia para que la exacerbación lleve a la población a buscar la justicia por su propia mano. Es el camino de la irracionalidad y del irrespeto total a la vida humana.

El número de muertos en las últimas semanas no puede dejarnos impávidos. Cada vida cegada es una herida en el corazón de la familia venezolana. El dios poder no puede enseñorearse por encima del valor de la vida. Unas autoridades que sólo amenazan y castigan a supuestos delincuentes opositores se deslegitiman porque el delito no se mide por el rostro de quienes lo cometen, sino por el delito mismo.

Que cada manifestación sea “amenazada” con un despliegue militar de última generación se convierte en una provocación, y por tanto, no cumple con su primer deber: preservar y acompañar a quienes ejercen el derecho civil de manifestar. Curiosamente, después de lanzar bombas, disparos, ballenas, etc., desaparecen y entran en juego motorizados que actúan a placer, impunemente.

Algunas de las “pruebas” presentadas en los casos de muertes, heridos y saqueos, no resisten el más elemental examen. Se presenta como acto terrorista la quema de medio centenar de autobuses, desmentido al instante con muestras claras de que las cosas no son como las presentan. A cuál de los heridos y muertos “opositores” defiende o averigua la defensoría; la constituyente se presenta como un proceso participativo y popular, y los casos de atropellos y amenazas, por ejemplo, en la consulta educativa, demuestran que no hay tal. Se tiene más de un año solicitando al CNE cronograma de las elecciones de gobernadores y alcaldes. La respuesta nunca llega. El presidente solicita cronograma para la constituyente y en horas lo aprueba y muestra la presidenta del CNE.

El Papa Francisco nos recuerda que “la realidad es más importante que la idea. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces. Se manipula la verdad, así como se suplanta la gimnasia por la cosmética”. Ciertamente por el camino que vamos se agranda el abismo entre quienes gobiernan y la población.

Es deber de todos, tender puentes porque amamos la vida de todos, hasta la de los enemigos. Que la sensatez venza a la incongruencia de quienes sólo piensan en el poder.

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