Andrés Eloy Blanco y el Canto de los Hijos en Marcha

 

La vida de Andrés Eloy Blanco se une siempre con la política, y la poesía, pero una poesía con carácter social que en un determinado momento de su vida sería llama ardiente de cambio y reconocimiento de libertades. Es por ese ánimo, por ese espíritu de cambio y democracia que participa en los actos de la semana del estudiante de 1928 que desembocarían es una rotunda oposición al gobierno del dictador Juan Vicente Gómez Chacón, es hecho prisionero nuevamente y trasladado al Castillo Libertador de Puerto Cabello y finalmente confinado en Timotos y luego en Valera. En 1932 se le permite regresar a Caracas por estar enfermo, pero prohibiéndole publicar en la prensa y hablar por radio. En 1934 aparece “Poda”, saldo de su producción entre 1923 y 1928. En 1935 publica “La aereoplana clueca”, volumen de cuentos que se unirían al “El Morrocoy Azul”.

Andrés Eloy desempeña sus primeros cargos públicos durante el gobierno del General Eleazar López Contreras (1936-1941), iniciándose en el Ministerio de Obras Públicas como jefe del Servicio de Gabinete. El 14 de febrero de 1936 se produce una manifestación  en la Plaza Bolívar de Caracas, la cual fue dispersada violentamente por órdenes del gobernador del Distrito Federal. Comienza la expulsión de dirigentes políticos, a los que se acusa de extremistas.  Para esos días convulsionados Andrés Eloy era uno de los miembros de la Organización Revolucionaria Venezolana (ORVE). El gobierno, en intentos de alejar al poeta de Venezuela, decide mandarlo  como funcionario internacional  a Cuba, Estados Unidos y Canadá. Al exterior le van llegando noticias de otros sucesos políticos que lo harían regresar a su país. En 1937, funda junto a otros, el PDN. Es electo concejal y pasa al Congreso Nacional como diputado de oposición. En este mismo año publica “Barco de Piedra” (poemas), Abigaíl (teatro) y Malvina Recobrada (prosas poéticas). En 1938 publica “Baedeker 2000″(Poemas). Posteriormente se introduce de lleno en la política, siendo uno de los fundadores del partido Acción Democrática. Trabaja alrededor de la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos (1941).

Madurez política e intelectual

En 1942 publica “Navegación de altura”, una compilación de artículos políticos. En 1944 se casa con Lilina Iturbe. En 1946 viaja a México para pronunciar el discurso de orden en la inauguración de un monumento a Simón Bolívar. A finales de este año y producto de los cambios políticos en Venezuela a raíz de la revolución de 1945, preside la Asamblea Nacional Constituyente, convocada para la reforma de la “Carta fundamental”. En 1947 publica “Vargas, albacea de la angustia”. En 1948, el presidente Rómulo Gallegos lo designa Ministro de Relaciones Exteriores. Tras el derrocamiento de Rómulo Gallegos se conforma una nueva Junta de Gobierno, presidida por el teniente-coronel Carlos Delgado Chalbaud. Acción Democrática es disuelta y Andrés Eloy y su familia salen de Venezuela a Cuba para trasladarse luego a México. Lejos de la contienda política, Andrés Eloy Blanco escribe de nuevo. De este retorno a la creación literaria encontramos: “A un año de tu luz” (1951) y “Giraluna”(1955). El 21 de mayo de 1955 en medio del ambiente cruel que significa el exilio fallece trágicamente en Ciudad de México en un accidente automovilístico.

Karibay García-León

CANTO DE LOS HIJOS EN MARCHA – Andrés Eloy Blanco

Madre, si me matan,

que no venga el hombre de las sillas negras;

que no vengan todos a pasar la noche

rumiando pesares, mientras tú me lloras;

que no esté la sala con los cuatro cirios

y yo en una urna, mirando hacia arriba;

que no estén las mesas llenas de remedios,

que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,

que no venga el mozo con la tarjetera,

ni cuelguen las flores de los candelabros

ni estén mis hermanas llorando en la sala,

ni estés tú sentada, con tu ropa nueva.

Madre, si me matan,

que no venga el hombre de las sillas negras.

Lléname la casa de hombres y mujeres

que cuenten el último amor de su vida;

que ardan en la sala flores impetuosas,

que en dos grandes copas quemen melaleuca,

que toquen violines el sueño de Schuman;

los frascos rebosen de vino y perfumes;

que me miren todos, que se digan todos

que tengo una cara de soldado muerto.

Lléname la casa

de flores regaladas, como en una selva.

Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;

con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;

tenme de la mano, tenme de los labios,

como aquella noche de mi padre muerto,

y al cabo, dormidos iremos quedando,

uno con su muerte y otro con su sueño.

Madre, si me matan,

que no venga el coche para los entierros,

con sus dos caballos gordos y pesados,

como de levita, como del Gobierno.

Que si traen caballos, traigan dos potrillos

finos de cabeza, delgados de remos,

que vayan saltando con claros relinchos,

como si apostaran cuál llega primero.

Que parezca, madre,

que voy a salirme de la caja negra

y a saltar al lomo del mejor caballo

y a volver al fuego.

Madre, si me matan,

que no venga el coche para los entierros.

Madres, si me matan,

y muero en los bosques o en mitad del llano,

pide a los soldados que te den tu muerto;

que los labradores y las labradoras

y tú y mis hermanas, derramando flores,

hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;

que con unos juncos hagan angarillas,

que pongan mastranto y hojas y cayenas

y que así me lleven hasta un cementerio

con cerca de alambres y enredaderas.

Y cuando pasen los años

tráeme a mi pedazo, junto al padre muerto

y allí, que me pongan donde a ti te pongan,

en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.

Madre, si me matan,

pide a los soldados que te den tu muerto.

Madre, si me matan, no me entierres todo,

de la herida abierta sácame una gota,

de la honda melena sácame una trenza;

cuando tengas frío, quémate en mi brasa;

cuando no respires, suelta mi tormenta.

Madre, si me matan, no me entierres todo.

Madre, si me matan,

ábreme la herida, ciérrame los ojos

y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo

y esa pobre mano por la que me matan,

pónmela en la herida por la que me muero.

Llora en un pañuelo que no tenga encajes;

ponme tu pañuelo

bajo la cabeza, triste todavía

por las despedida del último sueño,

bajo la cabeza como casa sola,

densa de un perfume de inquilino muerto.

Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:

-¡Si hablara, qué lindas cosas te diría!

Ábreme la herida, ciérrame los ojos…

Y una palabra: JUSTICIA

escriban sobre la tumba

Y un domingo, con sol afuera,

vengan la Madre y las Hermanas

y sonrían a la hermosa tumba

con nardos, violetas y helechos de agua

y hombres y mujeres del pueblo cercano

que digan mi nombre como de su casa

y alcen a los cielos cantos de victoria,

Madre, si me matan.

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